Un desatino colectivo

Las fanfarrias estallan en un clamor contra el gobierno provincial, a medida que se extiende el “control” compulsivo al pago electrónico del boleto urbano. El himno al millón de enemigos, justo en año electoral, es el pelotazo en los testículos que se administró el oficialismo. Y hay más material que analizar.
Hace 7 años SOCIEDAD

La disputa surge a bordo de un colectivo de la línea 5 A, en la que NdeR se desplaza en dirección Campo Caseros hacia el centro de la ciudad. Es martes, pasadas 12 horas, cuando a poco de cumplido el trayecto del viaje cotidiano, dos señoras y un plomero se pronuncian en contra del gobierno provincial. Que se vayan cuanto antes, repiten los tres.

Los dos inspectores de SAETA, uno de remera azul y el otro con camisa gris comprenden (¿?) el perjuicio a la imagen del Ejecutivo provincial que esta odiosa normativa, cuya constitucionalidad está para el knock out, deja en cada uno de estos epílogos en el anecdotario día a día.

El comienzo es cuando el primero de ellos encara al cronista de NdeR y, poco menos, escupe la orden, mezclada con chisporroteos gástricos con aroma a coca. El muchacho exige que le muestren la tarjeta, sin ningún tipo de reparo por la evidente interrupción a una comunicación telefónica que este medio mantiene con un diputado provincial.

Ante nuestra objeción, llama al hombre mayor al que se dirige como superior y, luego de esto, se enciende nuestra cámara para captar este tramo de la escena. El superior del subinspector –tan propenso al coqueo como a que terceros se percaten de su molesta costumbre- intenta demostrar mayor grado de autoridad, lo cual es atenuado por nuestra indicación por los medios de prensa a los que representamos (103.3 mhz y NdeR).

Y un rápido sondeo, a cargo del inspector vestido con camisa gris, le ofrece un panorama adverso, no hacia la empresa encargada del servicio de transporte, sino hacia todo el gobierno salteño. Son dos señoras que braman por las molestias ocasionadas por el control, sumadas a la frecuencia del corredor 5 A y las flojas condiciones en las que se presta el servicio.

“Simplemente es el trabajo que tenemos que hacer”, dice el superior del muchacho afecto a las hojas cultivadas en el Altiplano “nosotros también”, le responde nuestro cronista de NdeR. Y pese a que entre ambos intentan jugar al teléfono descompuesto, una parte importante del pasaje enarbola el reclamo, dirigido a las autoridades. Así está la situación con el sistema más usado por el sector obrero. Y en pleno año electoral. 


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