
El oficio del servilleta

#Vidabuchona #Plumasyservilletas
En organismos de derechos humanos, otras entidades no gubernamentales, el mundo reporteril y como suscriptores a un gimnasio pueden estar realizando su “tarea”. En toda aquella actividad potencialmente capaz de poner en riesgo la seguridad de la nación se puede tener a un “servilleta” como infiltrado. 
Este dato a no perder de vista vuelve a tener implicancias, luego de un fin de semana en que el macrismo los exhibió de manera amenazante, a lo mejor con la meta de disuadir a los simpatizantes que a diario acuden a Uruguay y Juncal, en Recoleta. En cuanto a nivel de exposición, los “servilletas” o “plumas” de los últimos días de agosto, posiblemente se emparden al caso de Pedro Antonio Menta, el pelado con anteojos negros que empuñaba una carabina desde el palco en la fotografía más famosa de la masacre de Ezeiza (1973).   
Luego, en la continuidad histórica de la avanzada por derecha vendrían Gustavo Niño e Isabelita, dos enviados a fisgonear familiares de desaparecidos por la dictadura cívico-militar, a partir de marzo de 1976. El primero, luego sería desbarrancado en su tapadera como Alfredo Astiz, quien para colmo protagonizaría otra cochina y vergonzosa situación, rindiéndose ante los ingleses en 1982 luego de simular un enfrentamiento. Mientras que acerca de Isabelita aún no se determinó su identidad, pero sí su temible actividad dentro de Madres de Plaza de Mayo, en la facu de Filosofía y Letras de la UBA y hasta dirigente de la izquierda en el Movimiento Todos por la Patria!
Por el lado de la prensa, el Centro de Estudios Legales y Sociales aún espera información detallada respecto al caso de Américo Balbuena. Aventado por el orden alfabético de sus dos iniciales y la confianza de sus superiores en la Policía Federal, AB llegó a incursionar como reportero en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh, hasta 2015. En plena democracia, si bien había sido reclutado en la época de la dictadura.
Los nombres antes mencionados, aunque parezca un contrasentido en la esencia de tal labor subterránea, solamente son los más famosos. Sin embargo, “el problema es que nadie sabe cuántos hay en actividad”, alertó a mitad de esta semana la diputada nacional Myriam Bregman.
Un rasgo de los más relevantes consiste en mantener a resguardo su verdadero nombre o aunque más no fuere su apellido. Esto, una vez descontado de su notable capacidad inicial para ganarse la confianza, por parte del grupo, periódico, ONG o núcleo de actividad sobre la cual luego el Judas en cuestión pasará sus informes a superiores uniformados.  
La denominación “servilleta” proviene de la década del 70, cuando la Triple A y luego el Batallón 601 adiestraban a los topos que luego simularían trabajar de ferroviarios, carpinteros, periodistas o estudiantes universitarios. Aunque, también por aquella misma época, en paralelo habían recibido el apodo de “plumas”. Este apelativo obedecía a que el coronel Jorge Osinde, figura estelar y enrojecida durante el III peronismo, amaestraba sus buchones desde el Cuerpo de Informaciones de la Policía Federal. A ellos/as, JO consideraba sus halcones lanzados a otear, con el fin de dar cacería a todo lo que se moviera. 
Un informe publicado en estos días por la revista Crisis, con firma de Luciana Bertoia, apuntó que los plumas o servilletas se encuentran impedidos de “revelar que son agentes o que lo fueron”. Y para el caso de ser denunciados, hasta “el jefe de la Policía Federal está facultado a mentirles a los jueces si le preguntan sobre la existencia del Cuerpo de Informaciones que los organiza”.
En la parte más sangrienta del último régimen cívico-militar, no conformes con su rol de cronistas subrepticios de la vida del prójimo, incluso muchas de las veces proveían el epílogo a guiones de biografías. Es conocido, además del caso de Astiz, muchos de los “plumas” asistían y/o administraban picana y submarino seco a los detenidos en los centros clandestinos. 
Transcurridos casi cuatro décadas del final de esos gobiernos de facto, en el ámbito de la justicia federal aún circulan –en oficinas de fiscalías y juzgados- los listados de cada uno de los/as servilletas o plumas. De acuerdo con lo indicado en el informe de revista Crisis, los informantes “pueden estar años” en grupos o instituciones a cuyos integrantes buchonean. Sólo una infidencia o dato firme sobre su doble faceta permite ponerlos al descubierto. 
NdR, 1 de septiembre de 2022. 
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