F.P. (*).
La cacería de
ciudadanos que esta madrugada hicieron oficiales golpistas en El Alto, es elocuente de la amenaza a las democracias, no sólo
en Bolivia, sino también se extiende a toda la región. En esa zona naranja
estará enmarcada la asunción del nuevo gobierno en la Argentina, el cual suceda
a la deplorable gestión de Mauricio Macri.
Incluso, su ex
Ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, dijo este martes que "en
Bolivia hubo un golpe de Estado, no es una cuestión debatible". Sobre la
insistencia con la que actuó el gobierno
argentino en sentido contrario, la ex canciller dijo que "Macri y Faurie
hicieron una lectura a través de un filtro ideológico. El golpe de Estado es
golpe de Estado sin importar de dónde venga", le dijo a la emisora
Futurock.
Estas
anteojeras sobre lo que merece existir y lo que no, definidos por Malcorra, no
son privativos del gabinete nacional. Por el contrario, se encuentran
fuertemente instalados en diferentes capas de nuestra sociedad, cuya
hospitalidad alcanza aún a ideas aberrantes como las que provienen de ciudadanos
mutilados por enarbolar el estandarte whipala. En particular, entre dirigentes
políticos de diferentes rangos y muchos periodistas.
Hacia esta
programación ideológica dirigieron sus respectivos análisis politólogos de los
más relevantes con que cuenta nuestro país, incluyendo a los dos más
destacados. Atilio Borón aconsejó “estudiar
los manuales publicados por
diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o
periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva”. Casi una
descripción de FOPEA, entidad que no sufre la menor afectación o sonrojo al
publicitar sus conferencias con el auspicio de la embajada norteamericana o su
par británica, como sucedió en la última conferencia de noviembre de 2018 (en
la que disertó el espía Marcelo D´Alessio!).
Es más, Borón
describió que “esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular,
lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (´character
assasination´) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante”. Para
mayor claridad: “esta es la tarea confiada a comunicadores sociales,
autoproclamados como ´periodistas independientes´, que a favor de su control
cuasimonopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales
difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio
dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general”.
Junto a ello,
el analista internacional articuló su advertencia a partir que “cumplido lo
anterior llega el turno de la dirigencia
política y las elites económicas reclamando ´un cambio´, poner fin a ´la
dictadura´”, con los que estigmatizan a toda administración contraria a sus
preferencias. A lo mejor podría haberse referido a la Red de Acción
Política, la RAP. Y que, según recordó
Borón, en Bolivia se materializó en los últimos días con “hordas
fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a
una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada
elección”. Cuando un proyecto no llega a captar popularidad suficiente es
reemplazado por la barbarie medieval.
El otro de los
analistas, catedrático de la Universidad Di Tella, afirmó que “la cuestión
militar ha regresado en América Latina para quedarse y, eventualmente,
consolidarse”, dijo Juan Gabriel Tokatlián. Ambos en el diario Página/12. Y
para quienes mantienen su incredulidad al respecto, ratificó que “el recurso al
golpismo constituyen manifestaciones concretas de lo que denomino la cuestión
militar”.
De acuerdo a lo
expuesto por Tokatlián al “neogolpismo lo encabezan más abiertamente los
civiles y cuentan con el respaldo tácito (pasivo) o la complicidad explícita
(activa) de las fuerzas armadas, pretende violar la constitución del Estado de
modo menos ostensible, intenta preservar una semblanza institucional mínima”. Y
en dirección a la gestión naciente de Alberto Fernández, el catedrático evaluó
que “el gobierno entrante debe estar atento a esta tendencia para actuar en
consecuencia”.
Por mucho menos
que esto, las entidades periodísticas de nuestro país hubiesen puesto el grito
en el cielo, en cambio la censura impuesta en medios estatales (Télam,
Televisión Pública y Radio Nacional) por parte del macrismo. Sebastián
Fernández, un pensador de nuestros tiempos, resumió este martes que “nuestra
derecha, siempre proclive a definirse como pragmática, no define el gobierno de
Evo por sus resultados económicos sino por sus intenciones satánicas. No salgo
de mi asombro”.
En la víspera,
la casa del depuesto vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, fue
saqueada. La turba de ultraderecha se ensañó, en particular, con su biblioteca,
una de las más generosas del continente. Reducida a cenizas, igual que en la
Alemania nazi, lo mismo que en la última dictadura cívico-militar en nuestro
país.
Pero frente a
esto, las comunidades rurales salieron a las calles en las principales ciudades
con el fin de resistir la barbarie de ultraderecha. En la mente tienen la
espantosa gestión del anterior cliente de Jaime Durán Barba, el ex mandatario Gonzalo
Sánchez de Lozada. En 2003, tras ser derrocado por manifestaciones populares
que signaron el final de su pésimo gobierno en cuanto a baja en los salarios,
huyó de Bolivia con 100 valijas repletas de dólares. Su vice era Carlos Mesa,
el contendiente derrotado el pasado 20 de octubre, uno de los impulsores del
golpe.
(*) NdeR, 12 de
noviembre de 2019.