#Debatiralcuadrado
#Comunicadorono
F.P.
Los notables parroquianos
de fonda El Chimango, en barrio Autódromo, compartieron con nuestro medio el malestar
por la exclusión de este notable cenáculo del debate por colegiar la profesión
de comunicador. Los pensadores que lo frecuentan alegan haber analizado recientemente
asuntos como “libre albedrío anatómico” o el “laissez faire de la inanición”,
entre asuntos actuales que desvelan a la paisanada; por lo que haber sido
relegados de la antes mencionada polémica les generó disconformidad.
Igualmente,
cabe adicionar el reciente abordaje de la divisoria de aguas en torno a
invierno o verano (y su chapoteos acerca del cambio climático) que
diversificaron los sondeos entre los diferentes pensadores. O, por caso, la proyección
del equipo de Gago, como para no perder el hilo académico. En relación a
formalizar o no la función de comunicadores/periodistas, los contertulios del
bodegón se dividen a favor y en contra.
A lo mejor,
en reflejo de lo que ocurre dentro del mismo campo de la comunicación gaucha,
luego de la iniciativa parlamentaria presentada días atrás. Los estoicos de
Fonda El Chimango fundamentaron posición en torno a ideas algo añejas,
remitidas a unos tales Moreno, Alberdi o el salteño Facundo Zuviría, firmante
del Gran Libro o Constitución de la Confederación Argentina. Y un poco más acá,
hacia la segunda mitad de la década de 1940, en relación a don Octavio
Palazzolo y a un tal Juan D. Perón.
Mientras, los
epicúreos del Salón literario Almóndiga dirigieron sus humores al texto
parlamentario antes mencionado. En medio de una necesidad implícita, propensa a
reglamentar la destacada dedicación a proveer la demanda noticiosa, a partir de
prerrogativas académicas exigibles para su ejercicio. Resultado de cuya
operación sería indispensable la posesión de una patente habilitante, en tanto
que su carencia abriría la posibilidad al resto para bucear en la amplia gama
de alternativas ofrecidas por el actual mercado laboral.
El punto de
tensión entre ambos bandos en El Chimango surgió con el arponazo literalmente al
acervo invocado por los estoicos, al que encuadraron como vetusto. Aunque quedó
en el ambiente un cierto aroma a cebolla frita, a la par de motivación doctoral
y enfocada hacia el despeje del territorio laboral [NdR: algo que, curiosamente,
protagonizaron varios de los que hoy se oponen al actual alambrado
comunicacional, aunque hacia 2019 esa maniobra no se recostaba en el requisito
del ciclo superior].
Desbande de
los proclamantes
Las injurias
cruzadas que incluyeron achaques de “censores” y “elitistas”, versus “pro-chantas”
y “abanderados de los empíricos”, sirvieron de epílogo a estas deliberaciones.
Apaciguadas por el mesonero de la fonda, al compás de un enorme garrote con el
que amartillaba el mostrador. Con lo que las apacibles noches de otoño
volvieron a reinar en barrio Autódromo.
En los días
posteriores, ambos grupos zorrearon que los propietarios del reducto gastronómico,
al sólo efecto de evitar acaloradas discusiones (y huidas repentinas con impago
en la consumición) urdieron que el temario se trasladase a foros extranjeros.
Con pensadores de sendas posturas filosóficas, ya como simples seguidores
pasivos de esta exportada discusión en torno al periodismo y la
comunicación.
Decisión
salomónica, asentada en que los directivos de la fonda no están para tonterías.
Una determinación a la que, desde otro punto de vista, adherimos desde este
sitio de noticias y análisis. En una mezcla que reposa en varios motivos o
quizás posturas antojadizas y no del todo razonables.
A lo mejor
nuestro capricho se deba a esa vieja insistencia de los tratadistas, vinculada
al orden jerárquico de las normas y los devuelve empecinados a resaltar que una
garantía constitucional –la libertad de expresión, por ejemplo- se sitúa por encima
de una ordenanza, reglamentación o resolución. O también a la –suponemos- vigencia
actual de la Ley 12.908/47, Estatuto del Periodista Profesional, y en
particular su artículo 2 [NdR: quisquillosos jurisconsultos como Damián Loreti
y Luis Lozano estiman que en base a “que la Constitución prohíbe al Congreso
Nacional dictar leyes de prensa”, es que “en la Argentina resultaría ilegal
sancionar legislaciones (tendientes a) la colegiación”. Y que el “Estatuto del
Periodista Profesional no establece privilegio alguno en el acceso a la
profesión, ni tampoco en su ejercicio, sino normas que hacen a las
particularidades de la actividad de recibir, difundir e investigar
informaciones u opiniones”].
Con todo esto
en claro, nos resta por postular lo siguiente. Ya que decir esto no equivale a
invalidar la discusión en marcha, sino enfocarlo hacia el ámbito que suponemos
más pertinente. De ahí, nuestra reivindicación a que sea en el local de barrio
Autódromo. Lo cual, igualmente puede ser una tontería. Es decir, otra más.
NdR, 3 de
junio de 2022.