En el sendero de las tonterías

Una aproximación al metadebate relativo al continente de la comunicación ocupa parte, no tan exagerada, de nuestro fin de semana. Algunos apuntes basados en los que varios sectores tienen su medialuna en el café. Por lo cual resulta una cuestión de cortesía eludir lo que piensa al respecto un notable reducto vernáculo.
Hace 4 años PARECERES

#Debatiralcuadrado #Comunicadorono

F.P.

Los notables parroquianos de fonda El Chimango, en barrio Autódromo, compartieron con nuestro medio el malestar por la exclusión de este notable cenáculo del debate por colegiar la profesión de comunicador. Los pensadores que lo frecuentan alegan haber analizado recientemente asuntos como “libre albedrío anatómico” o el “laissez faire de la inanición”, entre asuntos actuales que desvelan a la paisanada; por lo que haber sido relegados de la antes mencionada polémica les generó disconformidad. 

Igualmente, cabe adicionar el reciente abordaje de la divisoria de aguas en torno a invierno o verano (y su chapoteos acerca del cambio climático) que diversificaron los sondeos entre los diferentes pensadores. O, por caso, la proyección del equipo de Gago, como para no perder el hilo académico. En relación a formalizar o no la función de comunicadores/periodistas, los contertulios del bodegón se dividen a favor y en contra.

A lo mejor, en reflejo de lo que ocurre dentro del mismo campo de la comunicación gaucha, luego de la iniciativa parlamentaria presentada días atrás. Los estoicos de Fonda El Chimango fundamentaron posición en torno a ideas algo añejas, remitidas a unos tales Moreno, Alberdi o el salteño Facundo Zuviría, firmante del Gran Libro o Constitución de la Confederación Argentina. Y un poco más acá, hacia la segunda mitad de la década de 1940, en relación a don Octavio Palazzolo y a un tal Juan D. Perón.

Mientras, los epicúreos del Salón literario Almóndiga dirigieron sus humores al texto parlamentario antes mencionado. En medio de una necesidad implícita, propensa a reglamentar la destacada dedicación a proveer la demanda noticiosa, a partir de prerrogativas académicas exigibles para su ejercicio. Resultado de cuya operación sería indispensable la posesión de una patente habilitante, en tanto que su carencia abriría la posibilidad al resto para bucear en la amplia gama de alternativas ofrecidas por el actual mercado laboral.

El punto de tensión entre ambos bandos en El Chimango surgió con el arponazo literalmente al acervo invocado por los estoicos, al que encuadraron como vetusto. Aunque quedó en el ambiente un cierto aroma a cebolla frita, a la par de motivación doctoral y enfocada hacia el despeje del territorio laboral [NdR: algo que, curiosamente, protagonizaron varios de los que hoy se oponen al actual alambrado comunicacional, aunque hacia 2019 esa maniobra no se recostaba en el requisito del ciclo superior].  

Desbande de los proclamantes

Las injurias cruzadas que incluyeron achaques de “censores” y “elitistas”, versus “pro-chantas” y “abanderados de los empíricos”, sirvieron de epílogo a estas deliberaciones. Apaciguadas por el mesonero de la fonda, al compás de un enorme garrote con el que amartillaba el mostrador. Con lo que las apacibles noches de otoño volvieron a reinar en barrio Autódromo. 

En los días posteriores, ambos grupos zorrearon que los propietarios del reducto gastronómico, al sólo efecto de evitar acaloradas discusiones (y huidas repentinas con impago en la consumición) urdieron que el temario se trasladase a foros extranjeros. Con pensadores de sendas posturas filosóficas, ya como simples seguidores pasivos de esta exportada discusión en torno al periodismo y la comunicación. 

Decisión salomónica, asentada en que los directivos de la fonda no están para tonterías. Una determinación a la que, desde otro punto de vista, adherimos desde este sitio de noticias y análisis. En una mezcla que reposa en varios motivos o quizás posturas antojadizas y no del todo razonables.

A lo mejor nuestro capricho se deba a esa vieja insistencia de los tratadistas, vinculada al orden jerárquico de las normas y los devuelve empecinados a resaltar que una garantía constitucional –la libertad de expresión, por ejemplo- se sitúa por encima de una ordenanza, reglamentación o resolución. O también a la –suponemos- vigencia actual de la Ley 12.908/47, Estatuto del Periodista Profesional, y en particular su artículo 2 [NdR: quisquillosos jurisconsultos como Damián Loreti y Luis Lozano estiman que en base a “que la Constitución prohíbe al Congreso Nacional dictar leyes de prensa”, es que “en la Argentina resultaría ilegal sancionar legislaciones (tendientes a) la colegiación”. Y que el “Estatuto del Periodista Profesional no establece privilegio alguno en el acceso a la profesión, ni tampoco en su ejercicio, sino normas que hacen a las particularidades de la actividad de recibir, difundir e investigar informaciones u opiniones”].

Con todo esto en claro, nos resta por postular lo siguiente. Ya que decir esto no equivale a invalidar la discusión en marcha, sino enfocarlo hacia el ámbito que suponemos más pertinente. De ahí, nuestra reivindicación a que sea en el local de barrio Autódromo. Lo cual, igualmente puede ser una tontería. Es decir, otra más.

NdR, 3 de junio de 2022.