Por: Silvia Troyano (*).
El actual gobierno nacional
está decidido a avanzar sobre los
derechos conquistados de los trabajadores, según imposiciones del FMI.
Esta actitud, indefectiblemente
me retrotrae al gobierno de Carlos Menem cuando puso en funcionamiento por
idéntico pedido, de la primera ley de flexibilización laboral que pisoteaba,
sin escrúpulos, los 50 años de luchas y conquistas de los trabajadores
argentinos.
Fue dolorosa la postura que
asumieron muchos diputados en 1994, otorgándole a quienes regalaron los ámbitos de nuestra soberanía
nacional, el despojo de los trabajadores argentinos.
La Cámara de Diputados,
originaria del tratamiento, sólo contó con dos expresiones en contra de dicho
proyecto, la del diputado Varela de Tucumán y la mía en mi calidad de
representante del pueblo de Salta. Poco tiempo antes del tratamiento el
diputado por la vecina provincia desistió de su postura mientras que, quien
esto escribe, se mantuvo en su posición.
Sabía, que esta actitud, no
me permitiría la posibilidad de mireelección, pero no me interesaba ser parte
del coro de entrega de derechos de la columna vertebral de nuestro movimiento
nacional: los trabajadores argentinos.
Cuando se inició el
tratamiento del tema, dolía ser parte de
tanta indiferencia e injusticia. Muchas veces, me pregunté cómo representantes
gremiales, como Castillo de los Portuarios, Borda y otros, defendían tamaño avasallamiento sin reclamar desde sus
roles esa entrega.
Mi voto negativo se mantuvo y
fue en ese momento en que senté a mi lado, al entonces representante de las 62
Organizaciones, Naldo Brunelli, para advertirle que él no podía votar contra
los trabajadores. En síntesis lo amenacé porque él representaba a los
trabajadores. Brunelli y el líder de los Metalúrgicos y esta diputada por
Salta, votamos en contra de esta ley que inició el camino de las dos siguientes
leyes de mayor flexibilización laboral, cuya última etapa culminó con la
Banelco (ya, con la presidencia de Fernando De la Rúa).
Pero advertí la traición a la
Patria, al Movimiento Obrero, al peronismo de Menem y Cavallo que, ávidos de
manejar los fondos extranjeros, distribuían las partidas en Buenos Aires, Santa
Fé y Córdoba, quedando los restantes Provincias argentinas en la permanente pobreza que los gobiernos
unitarios están acostumbrados.
Al otro día de la aprobación
de la ley, la entonces propietaria del
diario La Prensa, Amalia Fortabat, clausuró el histórico periódico, dejando
cesantes a más de 70 trabajadores del periodismo.
Esa era la prueba de mis
advertencias y acusaciones. Desde allí se encontraron formas de precarizar el
trabajo en Argentina y qué casualidad, por pedido del mismo organismo que hoy
exige, entonces de Anne Kruguer y hoy de Christine Lagarde.
La indignación de las
memorias y similitudes, me provocan hoy la misma indignación. Pués, porque en
nombre del peronismo, se acercan los canallas remedios a los sectores que levantan el país, como son
los trabajadores argentinos. Muchos de los cuáles perdieron su inserción
laboral.
Dónde y cuándo olvidaron los
representantes peronistas sus principio?
Dónde y cuándo se transformaron en
individuos sin principios? Dónde aprendieron a entregar banderas tan
importantes para las mayorías, nuestros representados?
Pués bien, ya es tiempo de
recuperar la memoria, para saber quiénes representan un proyecto popular
contenedor y sanador del doloroso momento que viven los trabajadores argentinos
y que rechacemos de cuajo a quienes pretenden avanzar en la entrega de nuestras
banderas más valiosas: la dignidad del trabajo.
(*) Ex diputada de la Nación.-
NdeR, 17 de mayo de 2019.