Efluvios de putrefacción

La Compañía Industrial Cervecera, impulsora sin saberlo de cientos de productores de cerveza artesanal (las que empardan en astringencia con la “Salta” blonda), volvió a desgraciarse con el vecindario. En esta temporada estival, no fue con el lanzamiento de alguna de sus líneas de maltas rubias, sino a través de los insumos usados en la producción de las anteriores como volvieron a denunciar los vecinos de la zona Monumento 20.
Hace 6 años F5 EN LA PUJA

El olor a podredumbre con el que periódicamente la planta que procesa –pocos saben para qué- esta bebida con el nombre de nuestra provincia, volvió a aromatizar la región citadina colindante con el Hospital Materno Infantil y el Monumento a la Batalla de Salta. Alto grado de insatisfacción en la muchachada y los infantes, toda gente de fe, gente de trabajo, quienes padecen los contínuos escapes de gases y líquidos tan poco confiables como el que después se embotella.  

Una muestra más

El incidente ambiental de este fin de semana, al igual que los anteriores, fue registrado por uno de los vecinos de las tantas torres de edificios enclavados en los alrededores de la Cervecería. En esta ocasión, los primeros relevamientos faltan por darse y cabe suponer que igualmente se habrán producido casos intoxicación en niños y madres jóvenes, como sucedió en escapes anteriores.

Por ello, los domiciliados en esta región del macrocentro seguramente redoblarán las exigencias que la planta se mude al Parque Industrial. Un reclamo que, contra la intención vecinal, suele despertar inicialmente el interés de algunos ediles, seguido de conciliábulos en los que se postulan y compulsan números y concluye con la empresa manufacturera en el mismo lugar desde el que hoy incordia. Y, exceptuando la versión negra, con la habitual injuria para el mundo del esparcimiento escabiológico.  


Crédito fotográfico El Tribuno

NdeR, 3 de febrero de 2020

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