#Decreto
#Menemismo #Desregulación #Liberalismo
F.P.
Con la muerte
del ex presidente Menem, las reformas de derecha en la normativa con impacto
sobre la totalidad de la economía constituyen el principal legado de aquella
década. Este año se cumplirán dos décadas de esa norma, publicada el 1 de
noviembre de 1991 en el Boletín Oficial cuando entró en vigencia y cambió hasta
hoy el marco teórico del sistema productivo criollo.
El mencionado Decreto
2284/91 llevó las firmas de Carlos Menem, Domingo Cavallo (Economía y Obras y
Servicios Públicos), León Carlos Arslanián (Justicia), Erman González (Defensa),
Avelino Porto (Salud), José Luis Manzano (Interior) y Antonio Salonia
(Educación). Pero lo más importante fue que introdujo a la Argentina en un
esquema de desregulación que la dejó sin posibilidad de tener incidencia sobre
las principales variables productivas y financieras, desde dos décadas atrás
hasta el presente.
En tal sentido,
la economista Julia Strada rememoró aquel instrumento legal en base a “su
enorme vigencia para entender las escasas herramientas de regulación estatal en
tema precios” que perduran hasta estos días y lo que “da escozor”. En tal
contexto, la especialista del CEPA recordó que el 2284 le puso lápida a:
-Junta nacional
de Carnes.
-Junta Nacional
de Granos.
-Dirección
nacional del azúcar.
-Comisión
reguladora de la yerba mate y del Mercado consignatario nacional de yerba mate.
-Mercado de concentración pesquero de Mar del
Plata.
-Instituto
Nacional de la Actividad Hípica.
-Instituto
Forestal Nacional.
En esta
retrospectiva del menemismo, la economista remarcó aspectos por los que aquella
Biblia menemista cobra en estos días mayor importancia, dado que los precios de
alimentos de la Canasta básica siguen al galope. En tal sentido, puntualizó que
“no sólo eliminó entes reguladores que hoy serían claves para que los pequeños
productores reciban el precio que corresponde”, sino que además eliminó:
- “Todo cupo o
limitación cuantitativa a importaciones y exportaciones”
- Derechos de
exportación.
Sumado a lo
anterior, Strada también especificó que otras herramientas secundarias que
utilizó fueron:
-La concesión del
Mercado de Hacienda de Liniers.
-Desregulación
de la comercialización de medicamentos.
-Desregulación
de transporte automotor de cargas por ruta.
Una de las
reflexiones contenidas en esta mega norma, estructurada en 121 artículos, a los
fines de dar sólo un ejemplo, evaluó que “se torna necesaria la desregulación
total y liberación de plantación, reimplantación o modificación de viñedos,
como así también la venta y despacho de vino, siendo consecuente la
redefinición de las funciones del INSTITUTO NACIONAL DE VITIVINICULTURA y la
limitación de las mismas al control de la genuinidad de los productos
vitivinícolas”.
O bien que la
Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes ya no serían necesarias,
en función de su actividad en la etapa anterior “a la exportación de carnes y
granos respectivamente y con posterioridad a la importación de dichos productos
o sus derivados”. Como también “en el proceso de producción y comercialización
de estos productos en el mercado interno”, lo que en una primera etapa generó
desembarcos masivos de productos extranjeros a las góndolas de supermercados.
Con total
claridad, esta suerte de Biblia menemista que es el Decreto 2284 fulminó que
habían pasado a ser “incompatible con el espíritu” normativo ambas entidades
que se ocupaban de morigerar el impacto de los precios internacionales –carne y
granos- en el bolsillo de los argentinos.
Mientras que se
le daba un tinte mefistofélico a “los gravámenes sobre las exportaciones”,
empardándola a “una de las formas más perversas de financiamiento del Estado”,
bajo el pretexto que desalentaban los envíos de productos al exterior. Y, en
general, constituían “un verdadero factor de atraso y empobrecimiento”, aunque
su puesta en práctica no convirtió a la Argentina en una potencia industrial
como Alemania, sino que la condujo directamente a la crisis 2001/2002.
Este
posicionamiento para situar a la producción criolla en competencia con las
principales potencias del planeta en condiciones similares [sin embargo, en
muchas de estas naciones las regulaciones como las que eliminaba en 1991 la
Argentina se mantuvieron y hasta se endurecieron] dio los resultados
esperables, con cierres de cientos de fábricas. Al igual que la proliferación
de pueblos fantasmas que dejó el cierre de los ferrocarriles.
Mientras que el
más absoluto contrasentido fue la concesión de rutas a manos privadas -la cual increíblemente permanece hasta
nuestros días- que distorsionó totalmente la productividad a la que este
Decreto se proponía como meta liberar y en lugar de esto sedimentó de
gravámenes al transporte de cargas y de pasajeros. Entre tantos apartados que
tendrá el legado de aquella década. Por este y otros motivos, imposible de
olvidar.
Desde el mismo
título, el 2284/91 contiene algunos de los presagios que hoy atribulan. “Desregulación
del Comercio Interior de Bienes y Servicios y del Comercio Exterior. Entes
Reguladores. Reforma Fiscal. Mercado de Capitales. Sistema Único de la
Seguridad Social. Negociación Colectiva. Disposiciones Generales”, es el título
de la mega norma que fue el eje de la reforma del sistema para el
funcionamiento de la economía argentina.
NdR, 14 de
febrero de 2021.