F.P.
A casi nadie
escapa en esta comarca que una de las garantías legales que teóricamente asiste
a ciertos vecinos es la de los ancestros. Esta inclinación argumental al árbol
genealógico, a resguardo de los descocados avances en cuanto a equiparación
normativa que en el resto del país se registraron en las dos últimas centurias,
hoy parece gozar de alguna consideración.
En dicho
contexto, la encomiable evaluación realizada en el tramo final de la semana por
el presidente del Concejo Deliberante guachipeño, ante una acusación deshonrosa
a un destacado miembro, no sólo del cuerpo colegiado, sino de la propia
sociedad local, atestigua tal ponderación. En efecto, el edil Marcelo Ballón
invocó este precepto casi indiscutido a favor de su par, Héctor Cari, a quien
alguien vinculó con un cobro irregular del beneficio por Ingreso Familiar de
Emergencia.
Con alta
probabilidad, razonó el escudero de Cari ametrallando a los arteros detractores
con fundamentación del tipo “todos se conocen en el pueblo”, junto que Cari “no
es de mala familia”, le dijo en el tramo final de la semana a diario El Tribuno.
Aún a riesgo que, contra la presunción de Ballón, ambas premisas puedan servir
como vector para insistir en tales achaques por parte de aquellos que se la
pasan pergeñando versus quienes gozan de conocimiento popular y emanaciones de
prosapia.
A lo mejor sea
una movida de La Cámpora, podría haber colegido cualquier otro defensor del
buen nombre y la heráldica guachipeña, intuyendo probable que el reciente
nombramiento en ANSES de un directivo perteneciente a este sector político se
encuentre detrás de alguna posible maniobra para obligar al edil a rubricar su
inscripción como postulante al IFE (reservado a monotributistas con baja
facturación, subempleados y beneficiarios de la AUH). O un virus informático
que lo agregó sin su consentimiento a dicha base de datos. Lo curioso es que
Cari debiera estar excluído por su misma función de concejal, salvo que los
ediles de esta ciudad no se encuentren inscriptos en tal condición.
La turba
indignada clama por esta situación, la que tiene como una gemela a esa suerte
de posesión diabólica –hipótesis a investigar desde el Ministerio Público
Fiscal: de nada- que llevó al otrora Coordinador del Ministerio de la
Producción, Juanchi Medrano de la Serna, a increpar duramente a un grupúsculo
de policías. Es “un hombre de bien”, recordó de modo casi inapelable el
ministro Martín De los Ríos (Producción), lo que increíblemente no bastó para
sostener en el cargo al hermano de la titular en la cartera de Salud! Nada
menos!
El funcionario
del poncho abundó que su ex mano derecha “no anda insultando a la gente, hace
su trabajo de forma responsable”, lo cual atestigua a su favor y desbarranca la
verba estilo Ku Klux Klan que le
achacaron “los medios” (siempre inclinados a reflotar esa conjetura que Arthur
Conan Doyle reseñara en “Las Cinco semillas de naranja” sobre la onomatopeya
del rifle al ser recargado). Sin embargo, esta sólida fundamentación no pudo
contra la expectativa de una descarga pluviométrica con rayos y centellas que
el ejecutivo provincial se quiso ahorrar.
Un enigma a
develar que si el buceo en los sujetos pretéritos de cada rama parental
predisponen hoy a considerar si esto es moda o tendencia. Se sabe que las modas
están gobernadas por el corto tiempo que suelen perdurar entre un amplio sector
de una sociedad –hasta llegar a ser masivas-, lo que los griegos solían
denominar doxa. Mientras que la tendencia es un fenómeno que se va
estableciendo con menor celeridad, suele prevalecer como señal de cambio
sociológico y, por lo tanto, corresponde a la esfera de la episteme.
Crédito fotográfico: Ahora Salta.
NdR, 4 de junio
de 2020.