Los 202 años
del nacimiento del filósofo y economista Karl Marx remitieron a un par de
lugares, nombres y situaciones históricas. En primer lugar, a su ciudad natal,
Tréveris, en Alemania y donde al cumplirse el segundo centenario del
alumbramiento de su más notable ciudadano lo había honrado con semáforos que lo
recordaban.
En segundo
lugar, a su fiel contertulio y escudero de cientos de batallas, el dandy y
empresario industrial en Manchester, Friedrich Engels, también oriundo de
Alemania. En tercero, a su más notable biógrafo, el británico Francis Wheen que
en 2.000 editó una de las biografías más celebradas del pensador germano.
Por caso, la
anécdota de aquel verano de 1880 en Ramsgate cuando en medio de una sesión de
brandy en medio de la actividad playera, el reportero estadounidense John
Swinton, le consultó por su opinión de la ley suprema que rige la vida. Ante lo
cual, Marx dio un pequeño salto de su silla, golpeó la mesa y exclamó: “La
lucha!”. Lo había contado el periodista estadounidense, aunque “Karl Marx”, la
obra publicada y en circulación al comenzar el siglo y el actual milenio por el
reportero de The Guardian la hizo conocida a nivel global.
Este martes, el
investigador de la London School of Economics, Mike Savage, destacó sobre el
filósofo que "básicamente dice que deberíamos vivir una vida que vaya más
allá del trabajo. Una vida en la que tengamos autonomía, en la que podamos
decidir cómo queremos vivir. Hoy en día, esta es una noción con la que la
mayoría de personas estamos de acuerdo", resumió el investigador.
En una
entrevista con la BBC, Savage resumió que "Marx quería una sociedad en la
que una persona pudiese 'cazar por la mañana, pescar después de comer, criar
ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena', como dice la célebre
cita. Él creía en la liberación, en la emancipación y en la necesidad de luchar
contra la alienación", concluyó.
Curiosamente,
la nación que lo acogió en su regazo fue Gran Bretaña. Karl fue expulsado de
Alemania, de Francia y de Bélgica, debido a la condición de “revolucionario
peligroso” que le habían colgado los respectivos gobiernos. Hacia 1849, recaló
en la capital británica donde residiría hasta su muerte, incluso a pesar de los
pedidos de extradición del gobierno conservador alemán que la Monarquía inglesa
resistió en cada ocasión que fue gestionada.
NdR, 5 de mayo
de 2020.