El viudo de
Jimena Salas aguarda que la justicia provincial determine la fecha para el juicio
oral que se ocupará de dilucidar cómo y por qué fue asesinada, hace tres años
en la localidad de Vaqueros. Esta situación es inminente para Nicolás Cajal
Gauffin, luego del pedido de este miércoles por los fiscales Ana Inés Salinas y
Gustavo Torres Rubelt, realizado al Juzgado de Garantías N° 5.
Ambos
integrantes del Ministerio Público fundaron tal solicitud en la gran cantidad
de elementos probatorios e indicios logrados en la última fase de la
instrucción, cuando a mitad de 2019 se dispuso el deshielo del caso. De manera tal que esta instancia tendrá a Sergio Horacio Vargas, en calidad de
partícipe secundario, del delito de homicidio triplemente
calificado por ser cometido con alevosía y ensañamiento y por precio de o
promesa remuneratoria; y en contra
de Nicolás Federico Cajal Gauffin, como autor responsable del delito de
encubrimiento agravado, en perjuicio de la administración de
justicia.
Ambos
encargados de esta pesquisa puntualizaron los hechos ocurridos desde el 27 de
enero de 2017, cuando Cajal Gauffin halló el cuerpo de Jimena Salas. Entre los
elementos adjuntados por Salinas y
Torres Rubelt, resaltaron la conducta desplegada por el imputado Cajal Gauffin
que derivó en obstrucción de la justicia, perpetrada en orden a evitar dar
cuenta acerca del origen o naturaleza de bienes imposibles de justificar y que
fueran robados por los autores del homicidio de Jimena Salas.
La hipótesis hilvanada por los fiscales Salinas y Torres Rubelt apuntó a
que los autores materiales del asesinato contaron con la activa colaboración
del imputado Sergio Vargas para perpetrar este delito, lo que se encuadró en grado
de probabilidad suficiente. En tanto, establecieron que el coimputado Cajal
Gauffin, pese a ser pareja de Salas, habría ocultado información determinante para
la investigación de los hechos, direccionándola y condicionando el resultado; todo
ello en función de intereses personales, lo que sumado al transcurso del
tiempo impidió determinar antes a los autores materiales, sobre los que la
investigación continúa.
La alarma y los chips
En relación al viudo de Salas, se recopilaron testimonios, informes
médicos y policiales, peritajes informáticos y telefónicos, entre otros
elementos probatorios. A poco de ocurrido el homicidio, aquel 27 de enero,
Cajal Gauffin se encontraba “sereno, predispuesto y atento a los detalles
solicitados, haciendo siempre hincapié en que su concubina (víctima) habría
sido atacada por un ladrón”.
Además, el ex gerente de Garbarino dijo que “los policías le dijeron
que lleve a las menores (sus dos hijas, halladas en el baño), al auto para
preservar la escena y a él, también le pidieron que se retire de la casa”. Sin embargo,
no fue detenido. Uno de los elementos ahora incluidos en la imputación fue el
apagado de la alarma del día previo al asesinado de Jimena, junto con las
líneas telefónicas adicionales que el viudo utilizaba pero no declaró en
aquellas testimoniales.
Por ejemplo, la empresa proveedora del servicio de alarmas confirmó que
la de la morada Cajal Gauffin-Salas fue apagada el 26 de enero y restablecida
el 30 del mismo mes, sin intervención de los técnicos especializados. El
informe ante la justicia especificó que “no existen constancias que funden la
falla de comunicación del sistema GPRS en la alarma instalada en el domicilio
de la víctima por sabotaje, ni corte de alimentación y no fue posible la
falla por equipos de inhibidores de señal en razón que tanto la víctima como la
niñera utilizaron sus equipos de telefónica celular encontrándose en el
inmueble…por lo que resulta concluyente que la falla de comunicación
registrada en fecha 26 de enero de 2017, víspera del homicidio aconteció al
desconectar la antena de la misma; que momentos previos al evento de ´falla en
comunicación´, Nicolás Cajal se encontraba en el inmueble solo”.
Por otro lado, Cajal Gauffin ni siquiera mencionó “la existencia de la
alarma ni la extraña falla que en la víspera se había registrado, conociendo él
la falla producida y su falla en el funcionamiento cuando ocurrieron los
sucesos, ya que constan grabaciones registradas por la empresa en las que
le comunican que la misma NO estaba funcionando”. Además, varios testigos también
señalaron que Cajal Gauffin utilizaba distintos números de teléfono móvil, los
que sin embargo no declaró.
Al meter el
perro
Otro indicador
que llevó a elevar el grado de sospechas sobre Cajal Gauffin fue su explicación
en enero de 2017, cuando introdujo la presunta búsqueda de un perro como el
dato aleatorio del hecho de sangre. En efecto, el viudo le detalló a un
compañero de trabajo en Garbarino que al llegar a su morada en Vaqueros y
hallarse con la escena concluyó que “por
culpa de ese perro de mierda la mataron a mi mujer”.
En el cotejo de fechas, realizado por ambos fiscales surgió que la
conjetura de los dos hombres que buscaban un perro fue datado hacia octubre de
2.109. Sin embargo, Cajal Gauffín le dijo a este compañero de labores sobre “una
circunstancia fáctica vinculada al modo de comisión del hecho, la que no fue
conocida sino tiempo después y merced a diferentes tareas investigativas, lo
que da cuenta que conocía de antemano información de la mecánica del luctuoso
suceso”.
Otro de los
indicadores determinados por los fiscales Salinas y Torres Rubelt fue el de un
maletín que contenía, tal como fue peritado, sustancias narcóticas y/o billetes con denominación fuera del país.
Mientras, la caja fuerte que estaba en el mismo placard, “no fue ni siquiera
tocada…y a pesar de su fácil acceso y visibilidad, no fue violentada”.
NdR, 11 de marzo de 2020.