Por: M. Rocamora (*).
A pesar de alegar problemas de operatividad para la
cobertura de casos relativos a violencia de género, el Ministerio de Seguridad
parece darse maña en otros ámbitos. Este fin de semana, integrantes de esta
cartera se reunieron con representantes de la empresa SANATEA (SAETA) y el
gremio de la Unión de Tranviarios Automotor, por los numerosos y crecientes
casos de agresión a conductores de colectivos. Que como se sabe, suman…bueno…son
muchos.
Como sea que fuere esta cuestión, Seguridad y los
muchachos del transporte metropolitano se juramentaron “continuar
trabajando juntos en la seguridad de los pasajeros y choferes”. Claro, en
nombre de la imperiosa necesidad que los conductores y viajeros atenúen su
temor al abordar estos micros, estado de ánimo que (salvo un ínfimo porcentaje
de casos denunciados y otros simplemente alegados por SANATEA) sólo vive en la
imaginación de funcionarios, ni siquiera avalado por estadísticas confiables,
tampoco de las otras.
Esta noticia
surgió, luego de una semana en que sonó fuerte el trascendido que se reduciría
la cantidad de personal afectado a la protección de víctimas de violencia, lo
que motivó un reclamo ante el Consejo Asesor del Ministerio Público. Antes de
este encuentro con SANATEA y UTA, la cartera de Seguridad había indicado que
necesitaría de instrumentos como pulseras y botones antipánico (algunos de
estos derivados para choferes de ómnibus que cubren el turno de noche, según la
propia empresa de transporte).
De acuerdo con
lo expresado por el Ministerio de Seguridad, en la actualidad hay disponibles 101
botones antipánico, que se suman a las 55 pulseras, las que son monitoreadas
por el Sistema de Emergencias 911. Pero las estadísticas obran para el lado de (la
protección a) las mujeres, ya que las últimas cifras indican que en nuestro
país hubo un femicidio cada 23 horas, en lo que transcurrió de 2020 (Observatorio “Ahora sí que nos ven”).
De acuerdo al
desglose del informe, un 23 % de los crímenes se perpetró con arma de fuego, otro
18 % con arma blanca, un 14 % a golpes, un 11 % resultaron quemadas y un 6 %
por asfixia. De las 63 víctimas mujeres registradas en el primer bimestre, 15
habían realizado la denuncia previa y tres tenían medidas judiciales para su
protección, como el caso de la mujer asesinada en Cerrillos en diciembre último,
al parecer por un policía.
En contraste,
no se conocen hechos recientes de choferes víctimas de hechos de violencia
durante la prestación del servicio de transporte urbano. Al menos, que hayan
sido denunciados ante las autoridades, en lugar de ser simples titulares en
medios de prensa en los que anuncia SANATEA.
Excepto, por
supuesto, aquella situación ventilada a grandes titulares el pasado 23 de enero
cuando un conductor, en principio, habría sufrido un ataque vandálico. Al
conjeturar que unos malvivientes apedreaban la unidad, cerca del Hospital Papa
Francisco, “el chofer presionó el botón antipánico, por lo que la Policía actuó
en forma rápida”, indicó el vibrante relato de El Tribuno.
Mientras la
empresa, para no ser menos, informó que cabía "destacar que una vez que el
chofer acciona el botón la señal es detectada en el sistema de emergencias 911,
que inmediatamente da curso a la alarma y asiste al conductor", completó
SAETA. Pero, al parecer, los atacantes no integraban ninguna banda, sino que
investigaciones posteriores permitieron determinar que habrían sido chicos
travieso, de apenas 7 y 11 años.
Así se lo indicó
el Secretario de Seguridad, Benjamín Cruz, secretario de Seguridad, a FM Aires
el día 23 de enero. Con recomendaciones a los padres para criar bien a sus
hijos, de todas maneras el funcionario adelantó que se entregarían botones anti
pánico a los choferes de colectivos. Lo cual desmonta aquella caracterización
de los trabajadores del volante como personajes aguerridos, fornidos y
atléticos, poco temerosos ante el accionar de chiquillos levantiscos.
(*) NdR, 1 de
marzo de 2020.