Por: Federico
Pérez (*).
El manchancho
que el Estado hace con la pauta publicitaria fue puesto sobre la mesa del
debate en estos últimos días, lo cual constituye un hecho saludable. Por un
lado, la concejal capitalina Candela Correa exhortó a que la Intendencia de
Salta cuente con un mecanismo legal a fin de asignar los avisos institucionales
en los medios de prensa. Algo similar a lo exigido por el Foro de Observación
de la Calidad Institucional, en la reunión que mantuvo al final de la semana
anterior con funcionarios provinciales.
La edil
capitalina anticipó esta iniciativa que intenta regular la utilización de la
publicidad oficial, ya sea al inyectar dinero público de manera
desproporcionada en empresas periodísticas de gran dimensión y/o ganarse el
favor de éstas hacia una gestión en particular. Con ambos condimentos, además,
Correa encuadró en el expediente número 4030 por el cual pidió que la
intendenta “Titi” Romero se encargue de las demandas realizadas por vecinos,
antes que el saldo del Ejecutivo capitalino con el Grupo Horizontes SRL,
vinculado a su grupo familiar.
Un planteo
genérico en línea similar fue el que extendió el FOCIS, en la reunión en la que
el viernes anterior mantuvo con el Coordinador de Enlace y Relaciones
Políticas, Pablo Outes; el Secretario de Relaciones Institucionales, Antonio Hucena;
y el titular del Ente Regulador de los Servicios Públicos, Carlos Humberto
Saravia. El séptimo punto del documento estuvo referido a “Libertad de
expresión” y concretamente extendió el reclamo de la ONG para que se cambie el
manejo discrecional utilizado por la gestión Urtubey, lo que sirvió para “erosionar
la libertad de expresión”.
Razones no le
faltan al FOCIS como a la concejal Correa. En el hemisferio reporteril conviven
dirigentes políticos evacuados de cargos electivos por carencia de votos, blogs
de “noticias” que pasan semanas completas sin novedad alguna, sitios
informativos que contienen auténticos hurtos a quienes elaboramos cada noticia
y envíos radiales o audiovisuales inhallables en el éter de Salta. Todos
solventados por la pauta oficial, ya sea provincial, municipal o ambas.
Cabría
preguntarse la valía que estos espacios informativos, reseñados en el párrafo
anterior, tendrían para la difusión de los mensajes institucionales que realiza
el Estado provincial (o municipal) por esta vía. Aunque ello sería pecar de
ingenuo.
Es decir, la
direccionalidad y la discrecionalidad son las dos variables que sustentan a
esta especie de subsidios a gran parte
de la prensa. La que en su gran mayoría parece haber perdido totalmente de
vista a quien debería destinar su labor –la sociedad- y, de pronto, se
encuentra con el hallazgo que hay pobreza estructural, indigencia y muertes por
desnutrición ¿Quién lo hubiera imaginado, al notar la elegancia con la que
siempre vistió el ex Gobernador Urtubey?
Por lo tanto,
este estruendoso fracaso periodístico está ligado directamente a la mala
administración que direccionó y actuó discrecionalmente en la pésima gestión
anterior. Una época en la que disvalores como lo testimonial y lo contemplativo,
proyectados desde el Estado, sustituyeron a la acción concreta. Y del que una
porción importante de quienes cargan con micrófono, grabadores, cámaras y
teclados asintió con mansedumbre.
En la
actualidad, el Gobernador Sáenz y la intendenta Bettina Romero tienen las
respectivas inquietudes en sus despachos. Les bastará aventar el revoloteo de
teóricos insolventes y ahondar de manera concienzuda en la médula más íntima
del universo reporteril, en caso que el objetivo en cada caso sea poner
razonabilidad a su relación con la sociedad. De la que los medios de prensa
son, justamente, intermediarios en un plano ideal. Aunque en los últimos
tiempos hayan sido un obstáculo.
(*) NdeR, 22 de
enero de 2020.