Por: Beli
Mendieta (*).
Después de lo
que parecía una escalada tensiones inminente a una guerra oficial, ninguno de
los implicado realizo acciones directas, pues como afirman expertos en geo-política
que Irán no desea un conflicto abierto con la Casa Blanca. Y esto se explica
porque los Estados Unidos gastan 716.000
millones de dólares, más que el PBI completo de países como Polonia con 40
millones de habitantes, para ejemplificar aún más, un soldado promedio que se
encuentre en Irak o Afganistán, están equipado para el combate con algo más de
10 mil dólares.
El régimen de
los Ayatolas no podría sostener una guerra pero si tendrían otras formas de
complicar económicamente a occidente, metiendo presión sobre el estrecho de
Ormúz donde marcamos el dato, ahí circula 1 de 5 barriles de petróleo, y donde
la guardia revolucionaria ya había capturado un petrolero británico en julio y
otro de malayo en diciembre del 2019.
Cuando se conoció
la respuesta iraní en Irak, pocos segundos después, el barril ya había
aumentado un 3% y ahora se tiene el temor que aumente por arriba de los 100
dólares por unidad.
Otros de los
posibles movimientos de ajedrez persa, es con su influencia en la región con
Hezbollah, un grupo libanés pro iraní, que se convirtió en los últimos años una
piedra en el zapato para los Estados Unidos y sobre todo visto desde Israel,
que con este último se vio obligada a abandonar la invasión en el sur del
Líbano en el 2006. La organización Chiita también fue crucial para evitar la caída del
presidente sirio y negar el avance del ejército saudí apoyado por EE.UU en el
conflicto en Yemen.
Si bien la
situación se calmó en estos días, aún existe la amenaza constante entre ambas
naciones, pero sería un desorbitado y acelerado decir que estamos a las puertas
de una tercera guerra mundial, más bien sería una segunda guerra del golfo o
una mezcla con la fría… una guerra tibia. La pregunta que inquieta al mundo es ¿Lanzaran
más fuego o será un poco más discreto?
(*) NdeR, 10 de
enero de 2019.