#MacaneosDePalabra
El estruendo
lingüístico, el utilitarismo como herramienta y el desinterés por el efecto
pernicioso hacia terceros, son algunos de los principales rasgos detectados en
variantes actuales del populismo neocon. O lo que el analista y docente
universitario Mario Riorda denomina “Discurso popularizante”, en un intento por
diferenciarlo del mote de populismo que por acá se utiliza para estigmatizar a
la centroizquierda.
El especialista
resumió a esta práctica como “aquel que
nubla la condición de democraticidad de
un actor o del discurso político”. En su cuenta en la red social X, Riorda
indicó este jueves que “son personas solitarias que no dialogan”, dado que “la ´otredad´,
el sujeto (persona o institución) destinatario de la adversarialidad sólo es
concebido para ser humillado, pisoteado”.
Esta tendencia
persigue el objetivo que el rival “no sólo trastabille”, sino que además “caiga y además quede golpeado y estigmatizado. La anulación
de su condición de adversario parte de
un juicio moral categórico que quita de sustancia la validez y aptitud de las personas opositoras
en el juego democrático. Humillación,
provocación, escandalización son sus elementos”. En esta dirección, “la
democracia es concebida como un juego de exclusión”, dado que “ganar es la muerte política del adversario”.
Además, este
discurso popularizante “promueve la tribalización como colectivos cerrados.
Liderazgos con fans. Las normas del
consenso interno de los grupos, como acto tribal, priman por sobre
las normas del consenso democrático”. De
ahí, la “celebración, exaltación y mitificación
del liderazgo hacen a una distinción identitaria. Mientras más disrupción, más osadía, más devoción tribal”.
Ciertamente,
quienes practican esto no tienen “pretensión de verdad”. Más bien, debido a un
desinterés por la “veracidad ni lógica”.
El actor de este discurso es propenso a la producción y provisión de “desinformación
o bien, directamente de fake news”.
Lo que
habitualmente se verifica porque “en su propia tribu, tiene capacidad de
resignificar el pasado a cada rato,
incluyendo la negación de la evidencia. El discurso, arrogantemente, se presenta como
precientífico y premoderno”.
Los mencionados
enunciadores siempre “juegan al límite. El
concepto de eficacia pragmática guía. La búsqueda de la máxima asertividad sin límites fácticos, éticos ni
de formas de justicia. El discurso
justifica los medios. Lo que sirve, no importa como se logra. Lo que sirve, no
importa lo que daña. Lo que sirve, no mide
consecuencias”.
En conclusión,
es un punto de partida ideológico que “se presenta con una estética asociada al histrionismo como goce. Con poca
evidencia, pero con mucha estridencia. Llama la atención y suele ser un punto
ordenador del que la mayor parte del
sistema político se diferencia”. Con pretensiones de convertirse en “un
eje que articula o modifica” una continuidad en el escenario
político-ideológico. O sea, el mismo objetivo neoconservador arropado con estética
que pareciera novedosa.
NdR, 11 de
enero de 2024.