#Elcasodeldique
F.P.
Los espíritus
de porcelana mayoritariamente instalados entre la dirigencia local harían bien
en recordar -y compararse- con el caso del ingeniero Carlos Cassaffousth, uno
de los primeros que se tenga registro en materia de noticias falsas. El
constructor del dique San Roque padeció en carne propia, junto a Juan Bialet
Massé, la artera práctica de una caravana de fake news hace un montón de años
atrás.
La distancia de
aquel hecho, medida en años, así como la diferencia cualitativa entre el
constructor del primer gran dique en toda Sudamérica y los tifossi locales de
mecanismos anti fake news quedará para valoración de nuestros lectores. Sólo
diremos que hacia fines de julio de 1892 los policías cordobeses habían
recibido la orden de dar un alerta a los vecinos de la capital cordobesa, ante
el presunto desmoronamiento del dique y la inminente inundación de toda la
ciudad.
La advertencia
de los heraldos claramente esparció el pánico entre los citadinos, quienes
corrieron hacia las zonas más altas en su intento por despejar el julepe. Y en
medio de la consternación popular, al instante siguiente acudió la bronca y luego
una denuncia judicial por el imaginario peligro (derivado del aparente fiasco
en la construcción realizada con fondos públicos).
Justamente, la
presentación por malversación de fondos públicos recayó en el proyectista-realizador
Cassaffousth, lo mismo que en Bialet Massé. El autor del informe “El estado de
las clases obreras en el interior de la República Argentina”, artífice de la
legislación laboral, era destinatario de aquel brulote por su condición de
titular de la empresa La Primera Argentina y la firma Funes, Bialet Massé y Cía
con la que ganó la licitación y reclutó a Cassaffousth.
Ambos fueron
encarcelados, en medio de los vituperios vecinales y la logorrea de la prensa nacional.
En gran medida, azuzados por el gobernador de entonces, Manuel Pizarro, y por
el “ingeniero” Federico Stavelius, el Blumberg de finales del siglo XIX a quien
le habían encargado supervisar la obra hidráulica [NdR: considerada por esos
años el mayor embalse artificial del mundo].
El grupo de los
detractores de Cassaffousth y Bialet
Massé sabía a la perfección respecto al macaneo. En la misma tarde del 27 de
julio de 1892, el comisario Mariano de Goicoechea ya había enviado un
comunicado oficial de la cana cordobesa conteniendo una rotunda desmentida: encuadraba
como una alarma infundada la inundación y la fractura del dique, el cual
incluso contenía muy poca agua.
La campaña con
noticias falsas comenzó a fines de julio de 1892, el pedido del Gobernador
Pizarro al Fiscal de Estado reclamando procesar a Cassaffousth y Bialet Massé
fue cursado el 12 de septiembre y menos de un mes más tarde los metieron en
cana. Es fácil imaginar títulos de “chorros”, “caballos”, “montoneros” y la
guita en Islas Seychelles, suministrados por la paisanada más proclive a tomar
como cierto cualquier embuste, engarzado en supuesta lucha anti corrupción.
Lo estrictamente
verídico fue que el dique había sido construido con arena, piedra y cal para
una obra de 37 metros de altura y 115 metros de extensión. El ingeniero Gustave
Eiffel empardó esta iniciativa con la torre parisina que lleva su nombre,
aunque distinguió que de las “dos obras (que) llaman la atención del mundo: mi
torre y el dique de Córdoba; con la diferencia que este es productivo y mi
torre no”. En 1939, el gobierno cordobés intentó dinamitar el dique San Roque.
Los cartuchos se encendieron, explotaron, pero el dique no se movió.
Sobran las
conjeturas que en esta campaña de fake news hubo un mix de intereses políticos
y económicos. El enfrentamiento de los parientes políticos Julio A. Roca contra
Miguel Juárez Celman (cuya gestión licitó la obra hidráulica) es un dato
relevante. Al igual que la competencia entre cabilderos del Portland inglés
versus la cal que comercializaba “La Primera Argentina”, de Bialet Massé. Había
que frenar a este par de locos que ya proyectaba un canal navegable hasta el río
Paraná, del cual recelaban los ejecutivos británicos del ferrocarril.
Al suceder a la
gestión Juárez Celman, el gobernador Pizarro había tenido algo así como una
tempranísima precaución con la principal realización de su antecesor. Diez días
después de asumir el Ejecutivo mediterráneo pidió una partida especial de
fondos -al Legislativo-, pues el San Roque se encontraba con “algunos
desperfectos que si bien no revisten peligro inmediato para su estabilidad,
requieren una urgente y eficaz reparación”.
Un par de meses
después, un informe firmado por Stavelius dictaminaba que el dique tenía 90 puntos
en los que se filtraba el agua, varias rajaduras más y en especial una grande
que se extendía a lo largo de los 115 metros en la obra hidráulica. Con lo
cual, el enviado del gobierno nacional (en manos de Pellegrini, por esos años
íntimo de Roca) pudo florearse por los medios con tal referencia a “la grieta”.
Para solucionar dichas falencias, el enviado nacional propuso usar cemento Portland
inglés.
Aunque se había
comprometido a exponer las fisuras y huecos con pintura roja, el informe del “ingenieri”
no logró convencer a un grupo de veedores de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Nacional de Córdoba. Profesionales para quienes los agujeros y
grietas del dique eran puramente imaginarios, lo mismo que los dos títulos de “ingeniero”
de Stavelius.
De todas
maneras, Cassaffousth y Bialet Massé estuvieron más de un año en la cárcel,
hasta su liberación el 10 de noviembre de 1893. Arruinado financieramente, el
primero decidió luego mudarse a Entre Ríos, previo paso por Santiago del Estero
y Santa Fe donde construyó un canal y el puerto, respectivamente. Bialet Massé,
también en la ruina, llegó a deber hasta en la pensión donde alquilaba con su
familia; hacia 1900 hizo el informe que lleva su nombre, considerado
fundacional de la legislación laboral en nuestro país.
En la
actualidad, la antigua ENET Nº 2 de la ciudad de Córdoba se denomina “Ingeniero
Carlos Cassaffousth”. La misma denominación que tiene una estación del tren De
las Sierras y una usina del Embalse Río Tercero.
Crédito
fotográfico: diario Comercio y Justicia.
NdR, 31 de
julio de 2023.