#Ponerselaspilasotellevaelcocobot
F.P.
La Inteligencia
Artificial que en los tiempos de Urtubey hubiese presagiado niñas propensas a
embarazos no deseados, a lo mejor sería útil en estos días, aunque para realizar
tareas diferentes. El furor por el ChatGPT, tal vez nos lleve hasta esas proposiciones
mitad extrañas, mitad esotéricas, a las que propenden en estos días consultores
y analistas políticos.
No ha de
resultar tan difícil emular esa argamasa postmoderna que en medio de un estruendo de palabras profiere algo vinculado
a un determinado candidato. De eso la va un cuestionamiento de fondo -también de
forma- expresado al finalizar la semana por un economista ante el mensaje de
lanzamiento de Horacio Rodríguez Larreta.
Fue así cómo Gabriel
Caamaño resumió que un aspirante a la Presidencia “no tiene que acabar con el
odio, ni tiene que ser el presidente de todos los argentinos. Tampoco tiene que
refundar la patria”. Para el analista financiero (egresado de la Universidad Católica
Argentina y de la Di Tella), dicho hombre -o mujer- “tiene que gestionar y
resolver los problemas concretos que identificó en su plataforma” y que explica
la motivación e instrumentalidad en cuanto al sufragio.
La salida al
cruce de Caamaño surgió a partir de la presentación de Horacio Rodríguez
Larreta como aspirante de Juntos por el Cambio en las presidenciales 2023. El
alcalde porteño aseguró que intentará “ser presidente para que juntos
terminemos con el odio y transformemos nuestro país para siempre”. Como si de
la primera tarea dependiese el gran objetivo que albergan muchos argentinos (siempre
que dicha transformación apunte al desarrollo y bienestar general, cabe
aclarar).
Ciertamente,
los mensajes que se inscribieron en el escenario político en vistas de las
presidenciales -de segunda mitad de año en adelante- no fueron como para arrancarse
los pelos, tras detectar un derroche creativo. Por eso, tal vez, no resulte
mala la ocurrencia de conjeturar acerca de un ChatGPT aplicado a la consultoría
política.
Como describiera
recientemente su divulgador, el doctor en filosofía matemática Pablo Arbeláez,
esta tecnología “conoce todo lo que un ser humano podría saber, si pasara toda
su vida pegado a Internet leyendo día y noche”. Una hipótesis algo modesta,
teniendo en cuenta la inmensa cantidad de papanautas que se pasan gran parte
del día conectados a redes digitales, sin hallazgo notable y capaz de convalidar
esta conducta.
Seguramente, no
resultará esfuerzo titánico un chatbot emitiendo proposiciones relativas a ventajas
y obstáculos de verano o invierno, mate con o sin azúcar, o bien sobre posibilidades
de amistad hombre-mujer. Como tampoco idear uno dedicado a la reconstrucción de
mensajes en 360º, hablando en términos de preferencias diversas entre la ciudadanía,
detectadas y luego expresadas por especialistas en el macaneo lingûístico-político.
El ejercicio es
más o menos liviano. Un candidato que no lo parece, el cual se pretende asemejar
a un hombre/mujer promedio. No relojea de costado la retaguardia de las señoritas,
tampoco los fondos estatales.Todos debemos ser amigos y evitar la confrontación,
como invitando a cantar, de la mano, “Yo quiero tener un millón de amigos”, de
Roberto Carlos. Pero, eso sí: inexorable con el enemigo que atenta contra todo
esto que, según él, anhela toda la gente.
A renglón
seguido vendrá el santo & seña de quien lo apadrina y lo envía, pero sin
apellidos, sólo nombres de pila. Más alguna que otra charla trivial con
vecinos, fotografiada o grabada con vistas a su ulterior difusión. A partir de
la cual, el ChatbotConsultor o el estratega de carne y hueso (diferenciación baladí)
lo adornará con loas impensadas, hasta para el mismo protagonista: “Fulanito es
amable”, “Menganito basa su inteligente estrategia en lo cotidiano”, entre
otras perogrulladas.
No faltarán los
que pregunten: ¿Y a estos tipos llamados consultores les pagan fortunas? De ahí,
habrá solamente un tranco hasta la Inteligencia Artificial (IA). La que será el
paso siguiente al de la Inteligencia Impostada (II). Pero no mucho más que eso y
en términos de avance en política, sin mucha novedad en tal frente.
NdR, 24 de
febrero de 2023.