#Tecladoenpubpersianasdegringos
Por: M.
Rocamora (*).
Lo que a muchos
de nosotros podría ser un sueño imposible de alcanzar, para un verdadero talento
creativo es pan comido. Una comparación válida, capaz de oficiarnos de
introducción a “Piano bar” y a “Signos”, dos de los discos más impactantes de
los años 80 y que fueron hechos en muy poco tiempo.
A mediados del
84, Charly García atravesaba momentos complicados y como para cumplir un
compromiso contractual con la discográfica un buen día entró a estudio y grabó
casi en una sola toma. Hasta poco tiempo atrás, el artista no declinó la
catadura entre “doloroso” y “penoso” por el contexto personal en el que su
tercer álbum solista se realizó.
Fue en ese
trámite embromado de su existencia que se rodeó de Pablo Guyot, Willi Iturri y
Alfredo Toth, Fito Páez, Daniel Melingo y Fabiana Cantilo [NdR: meses antes que
García produjera el primer disco de GIT y el debut, “Detectives”, de Fabi
Cantilo]. Y, por supuesto, grandes composiciones a las que García Moreno parece
no tenerles mucho aprecio.
Con esa
formación, un buen día del mencionado año entraron a estudios ION donde
registraron las 10 canciones que integran “Piano Bar”: desde “Demoliendo
hoteles”, “Cerca de la revolución”, “Promesas sobre el bidet”, “Total interferencia”,
hasta la que da nombre al disco. Las grabaron de corrido, motivados por el
fastidio de García con la discográfica, pero a la vez en un voto de confianza
hacia los músicos. Es que era un verdadero seleccionado.
Esto pesó más
que la determinación estética de hacer un disco al estilo de los años 50 cuando
Elvis Presley, Roy Orbison o Johnny Cash entraban a estudio y grababan en una
sola toma, ya que era la tecnología de aquella época. Luego, le pasaron las
cintas a Joe Blaney, quien había sido el ingeniero de sonido de “Clics Modernos”,
el disco anterior, y se encargó de la mezcla en los estudios neoyorkinos Electric
Ladyland.
No le agregó
casi nada. Tampoco le hacía falta. Hasta que el 22 de septiembre del 84 “Piano
bar” salió a la venta y aún hoy impacta a quien lo escucha, a partir de la
polenta de García y aquella superbanda.
Un caso similar
fue el de Soda Stereo con “Signos”, álbum de 1986 que el trío alcanzó a
completar en medio de la intensa gira que los llevó por todo el país y proveyó
un desembarco a todo trapo en Chile. Tras completar este periplo, Cerati, Zeta
Bosio y Charly Alberti debían terminar el tercer disco, antes de una nueva gira
por toda América Latina.
Puede que las
musas no hayan andado puntuales, por lo cual Cerati apeló a Jorge Daffunchio y
a su colega de la banda Metrópoli, Isabel de Sebastián. A Daffunchio, el guitarrista
y cantante conoció por medio del programa radial “Submarino amarillo”,
conducido por Tom Lupo. Es quien firma “Persiana americana”, basada en la peli “Doble
de cuerpo” de Brian De Palma.
Con Isabel de
Sebastian, Cerati logró darle los toques finales a la canción “En camino”. Sin
embargo, durante las sesiones de grabación atravesaron momentos embromados
cuando el baterista Charly Alberti creyó haber muerto, Cerati sufrió una
taquicardia y luego se rompió la consola de estudios Moebio.
Con portada
ilustrada por Alfredo Lois y con Mariano López como técnico de sonido, el disco
estaba casi listo. La ya mencionada “Persiana americana”, “Prófugos”, “En
camino”, “El rito”, “No existes”, “Sin sobresaltos”, “Signos” y “Final caja
negra” fueron las canciones que muchos podrían repasar de memoria.
Finalmente, “Signos”
sería editado el 10 de noviembre de 1986. Una pequeña demora motivada por un
pedido a una fábrica austríaca le posibilitó estrenar el formato CD a los Soda.
Valió las horas de ansiedad, ya que el álbum sería éxito total y los
catapultaría hacia México, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú y
Paraguay. A pesar de todos los contratiempos, “se hizo en un tirón”, contó el compositor, guitarrista y
cantante casi dos décadas atrás.
(*) NdR, 12 de
febrero de 2023.