#Barrocoyrobertocarlismo
#Estilopolitico
F.P.
Es posible
que el estertor de vocablos preanuncie el último escalón de una corriente del
arte como la oratoria en su versión moncloísta o robertocarlista. En cuyo caso,
cabe resaltar otra contribución a tal debate planteado este viernes por la
intendenta capitalina, Bettina Romero.
En esta
jornada, la Alcaldesa interrogó en Twitter acerca de la conjunción lograda en
1983 por el entonces presidente Raúl Alfonsín y su abuelo, Roberto Romero, por
aquel año, Gobernador de Salta. Frente a lo cual, se respondió con la reflexión
que “la democracia se fortaleces sin grietas” y a lo anterior le yuxtapuso la
celebración de “las diferencias” (¡!??).
A lo mejor
sea el anterior, un exhorto a reflexionar respecto al lenguaje en los tiempos
políticos actuales, transitando por lo barroco. Como en toda rama del arte,
ésta cumple con la función de desarrollar un estilo que propende a extinguir “sus
posibilidades y que linda con su propia caricatura”, al decir de Jorge Luis
Borges.
A este
respecto, nada mejor que la retrospectiva titirromerista hasta finales del año
en que retornaba la democracia a nuestro país. Como símbolo, en una misma mesa
registraba sentados a un dirigente radical con un representante del peronismo,
encarnados por Alfonsín y Roberto Romero, respectivamente.
Ciertamente
que RA y RR, en los hechos, no tendrían mayores coincidencias políticas y de
gestión, más allá de este u otro fotograma. Pero como toda mordaza, de ahí la
importancia de la variante discursiva no-grieta, en la actualidad sirve para
arrimar ovejas boinablanca descarriadas.
Tanto a favor
como en contra, un ejemplo de moncloísmo o robertocarlismo sea la Anschluss
lograda en marzo de 1938. Una movida que algunos dirán, hermanó al pueblo
austríaco con el alemán; mientras para otros será una invasión lisa y llana que
potenció los planes hacia el resto de Europa del III Reich.
Igualmente
con vítores y tomatazos, otro ejemplo serán los Pactos de la Moncloa. Celebrados
en octubre de 1977, habrá quienes los encuadren como el cierre de una etapa de
barbarie franquista y la alfombra tendida a España para ingresar a la Eurozona.
Mientras que otros podrán equipararlos a la postración ibérica ante Alemania y
Francia, con un rol asignado de productor de instrumentos especulativos y de servicios
para la Unión Europea, no tanto para los connacionales.
Desde unas
cuantas centurias hacia atrás, se sabe que la faz agonal o de lucha, lo mismo
que la arquitectónica o de construcción, son simples herramientas de la
política. De manera tal, se puede plantear la primera situación frente a la
actual distribución inequitativa de los ingresos en diferentes clases sociales.
En tanto, se puede instar al consenso
alrededor de la defensa del sistema democrático.
En el
contexto bajo examen, los discursos de estilo robertocarlista suelen apelar a
las críticas por “la grieta” cada vez que un sector político no se aviene a un
planteo enunciado por parte de quien ostenta el poder o aspira a conquistarlo.
Sin embargo, puede que hayan empezado a correr momentos en que esta variante se
haya encarrilado por lo barroco. Es decir, “la etapa final de todo arte”, como
dijo alguna vez Borges, “cuando éste exhibe y dilapida sus medios”. Justo antes
que se disuelva su artilugio.
NdR, 4 de
noviembre de 2022.