#Desembarcoenterritoriocarioca
El avión
presidencial más conocido en el Río de la Plata pidió este domingo la autorización
para decolar en una estación aérea brasileña. Tal parece que el mandatario
argentino, Alberto Fernández, se dispone a festejar un triunfo: el ajeno que
posiblemente vuelva al principal despacho gubernamental del vecino país a Luiz
Inacio Da Silva.
En tanto, el
principal desafío que enfrenta el oficialismo (nacional) es darle un pequeño
retroceso o bien un envión, al giro de 360° que imprimió a la política
económica, respecto a la dispuesta por el macrismo. El tiempo apremia y
variables como el flamante incremento en el precio de los combustibles actúan
en contra de los intereses sostenidos por poco menos de 40 millones de
prójimos.
Lejos de los
cánticos de repertorio infantil –el millón de amigos robertocarlista- la
variante del discurso por la “unión” de los connacionales, abrazarse y “cerrar
la grieta” ha dado como resultante una evidente profundización de las
diferencias entre clases sociales. En los últimos tres años “los precios de los
alimentos han aumentado 19 puntos porcentuales más que el índice general”,
alertó este domingo el economista y diputado nacional Carlos Heller. Lo que
sucedió en paralelo al hiperamiguismo, palmadas en la espalda y entonación de
piezas musicales de tal calaña.
Esto resalta
vitoreos de un pequeño grupo que contrastan con las interjecciones
reprobatorias, emitidas desde otras franjas sociales. Una suerte de Zanja de
Alsina explicada en la firme determinación del ministro Sergio Massa (Economía)
de hacer más millonarios a los multimillonarios, mientras persiste en un limbo
dubitativo acerca de ofrecer algunos mendrugos a menos de dos millones de
criollos que están pasándola realmente pésimo.
Tal como lo
indicó Heller, el vector de la transferencia de recursos en dirección a la
parte más encumbrada de la pirámide social (continuidad de lo sucedido desde
2016) está centralizado en la producción de alimentos. Sucede que quienes
producen estos bienes/productos no lo hacen para obsequiárselos a los que los
requieren, sino para envíos al exterior y quienes tienen el dinero para
adquirirlos.
El encarecimiento
artificial de los alimentos fundamenta lo descripto en el párrafo anterior. O
bien, como lo dice el diputado nacional por el FdT, si se compara “la evolución
interanual del precio interno con el índice de precios de los alimentos
calculado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura) —primer semestre de 2022 respecto a igual período del 2021 se
observa que los precios locales se incrementaron 7 puntos porcentuales por
encima de los internacionales, todo medido en dólares”. O sea, la denominación
que aún rige en las transacciones globales.
Con los
indicadores socioeconómicos marcando el descenso -incluso de trabajadores
registrados- por debajo de la pobreza a millones de connacionales, no es un
buen diagnóstico. Y sin un accionar estatal para revertirlo, solamente quedaría
esperar un ataque de filantropía, por parte de los multimillonarios que a lo
mejor no llegue jamás.
NdR, 2 de
octubre de 2022.