#CFKregaloalpresidente
#Motivoscaidaalfonsinismo
El obsequio
de CFK al titular del Ejecutivo nacional puede leerse como otra más en una
carretera señalizada con carteles de alerta. En el cumpleaños de quien conduce
las riendas del gobierno nacional, el presente consistió en una obra en la que
su autor repasa detalles minuciosos y significativos de un antecesor que no
alcanzó a dar a tiempo el volantazo que podría haberlo salvado del
porrazo.
En el acto
por el 40° aniversario de la gesta por Malvinas, Fernández de Kirchner mencionó
que este mismo sábado le envió como “regalo al Presidente” el libro ´Diario de
una temporada en el quinto piso´, escrito por el sociólogo Juan Carlos Torre.
En este opus, el ex integrante del equipo económico de Juan Vital Sourrouille
recordó las peripecias de acudir a Washington en busca de ayuda financiera del
FMI que permitiese maniobrar con deuda de la gestión anterior (más de u$s 45
mil millones, luego de la entrega del mando por parte de los militares en 1983).
Cristina
Fernández recomendó en la víspera esta obra “que relata las experiencias del
gobierno de Alfonsín y los equipos económicos”, en medio de un panorama
heredado y un acreedor al galope, enarbolando un rebenque. La titular de la
Cámara alta nacional precisó que este mismo sábado envió al primer mandatario
el mencionado presente, respecto al cual ironizó que “después la vocera no diga que no le regalo nada para el cumpleaños”.
Uno de los pasajes más indicativos de las memorias repasadas por Torre fue
la prerrogativa del FMI por escudriñar “cuenta
fiscal”, “cuenta exterior” y “cuenta monetaria”. Y aunque luego mencionó
también “política de salarios, política de devaluación” y otros ítems, “con
esas tres (primeras) cuentas las otras políticas están implícitas, ya que al
poner una hipótesis de déficit fiscal ya está definiendo los salarios públicos,
y en buena medida, el resto de los salarios”.
En uno de los
tramos que marcan la tensión de “Memorias de una temporada…”, el autor se remontó
hacia el año 1984 cuando le habían dicho “y Alfonsín quiso creerlo, que era
posible a la vez aumentar los salarios, bajar la inflación y reactivar la
economía”. Sin embargo, luego esta expectativa transmutó en drama cuando el
mandatario admitió que “nos estamos yendo a la mierda”, en materia económica,
política y social.
Incluso,
Torre reprodujo un momento de finales de los años 80 en que Alfonsín confesó
que se miraba “al espejo” y lo que éste le refractaba era “el rostro del doctor
Illia”, o bien “el de un gobierno paralizado”.
De acuerdo al
integrante del equipo de Sourrouille, al avanzar en el acuerdo con el FMI le
llamó luego la atención “cómo se presentó”. Un detalle de aquel momento, lo
cual le generó perplejidad fue que asemejaba que “la Argentina había ganado una
medalla en los juegos olímpicos, cuando en verdad se había comprometido a
implementar un duro programa de austeridad”.
Ya sea por
falta de conocimiento fino sobre macroeconomía o por aquello de lo “lost in
translation”, lo concreto que era sólo “una política de rigor que no se
confiesa a sí misma”, como tal. En tanto,
por aquellos días convivían “efusiones nacionalistas” con lamentos por “la
avaricia de los usureros del Norte”, en los hechos se había “puesto en sintonía
con las exigencias del Fondo Monetario”. Una de las conclusiones de Torre,
hacia la segunda mitad de los años 80 era que el organismo internacional “ha
oficiado de gran pedagogo y sacado al gobierno de sus fantasías”.
Una retórica
popular y nacional, en medio de recortes a partidas esenciales y compresión del
mercado interno –con efectos en la misma dirección en cuanto a producción y
salarios- no tardó en redactarse en papel y prever apenas un 4 % en el PIB.
Algo que Alfonsín consideró una proyección “modesta”. Mientras que el
Secretario de Coordinación Económica, Adolfo Canitrot, al evaluar ese refucilo
presidencial comparaba con el tipo al que “le están rematando la casa y piensa
comprarse un Rolls Royce”.
NdR, 3 de abril de
2022.