#Lamanovienejodida
#FMIpanoramicadelcaos
Una oleada
internacional de estallidos sociales fue el pronóstico que incluyó el Fondo
Monetario Internacional, como si sus lineamientos nada tuvieran que ver. Luego
de advertir al gobierno argentino que el acuerdo firmado con la administración
rioplatense incluirá “reformas estructurales”, la titular del FMI vaticinó
diciembre´s 2001´s por doquier.
Kristalina
Georgieva entrelazó la suba en los alimentos a nivel global, sumada a un
empeoramiento de la hambruna en los países más pobres del planeta. Al
participar este fin de semana en el Foro económico en la ciudad de Doha, en
Qatar [NdR: capital mundial del terrorismo, según la imputación en junio de 2017
por parte de vecinos egipcios, saudíes, emiratíes y bareiníes], la titular del
organismo de crédito internacional trazó este garabato oscuro en el firmamento.
Según Kris, “cuando los precios se disparen y los pobres no puedan
alimentar a sus familias, saldrán a las calles”, alertó luego en una entrevista
con el canal local Al Jazeera. A este diagnóstico, como habitualmente hacen los
integrantes del Fondo, le siguieron esas frases como si fuesen extraídas de
concursos internacionales de belleza: pedidos de unión, amistad entre diversos
países, solidaridad, paz mundial y alguna que otra súplica.
En medio del apuro impreso desde Washington, Georgieva urgió a que en el
próximo mes de julio el gobierno estadounidense necesitaría “la cosecha de
Ucrania, para estabilidad de los precios de los alimentos”. En función de esto,
exhortó a una mayor cooperación para resolver la escasez de materias primas,
como también de energía. Claramente, en contraposición al mandatario
estadounidense Joe Biden, quien este fin de semana advirtió a los europeos –en su
visita a Polonia- que el conflicto en Ucrania tendrá una duración muy larga.
El Continente
quedó en medio de los dos fuegos, ya que desde Moscú se les advirtió que caducaron
las compras de gas en cualquier otra divisa que no sea el rublo, mientras
cierra tratados para proveer de energía a países eurasiáticos. Por otro lado,
la alternativa estadounidense de proveer gas licuado sería un paliativo
excesivamente oneroso para los países del Viejo Continente.
Como un
árbitro de boxeo que intercede entre pugilistas (uno estadounidense y el otro,
ruso) la directora del FMI aconsejó: “Por
favor, trabajen juntos. Los productores de petróleo, los productores de gas y
los productores de alimentos hoy están en posición de reducir la incertidumbre”.
La catapulta
en la que se cargaron las cotizaciones de los productos granarios y los
hidrocarburos, en realidad explicó un jolgorio pocas veces visto en el reducido
segmento que tiene incidencia en estos negocios. Un poco en los que se dedican
a la producción en el campo, pero más en quienes especulan con la evolución de
los precios globales -que los anteriores cultivan y luego venden- por donde
pasa el 90 % de las transacciones financieras. En su mayoría, sin ensuciarse
las manos con un solo grano de soja, trigo o maíz.
NdR, 27 de
marzo de 2022.