#RecetadeFondo
#Reformasestructurales
Este fin de
semana, la economista Gita Gopinath publicó el informe del Fondo Monetario
Internacional en que el organismo aprobó el acuerdo con el gobierno argentino.
En este informe, consignó que “los directores pidieron reformas estructurales”,
en contraste con lo divulgado desde Balcarce 50.
Entre las
modificaciones planteadas en el marco de este pacto, incluyeron las “barreras
regulatorias a la productividad, la inversión y el empleo formal”. Es decir, el
cambio a las normas laborales vigentes. En la semana el Ejecutivo nacional
informó respecto a una baja en la tasa de desempleo, en un contexto en que el
poder de compra de los salarios es uno de los más bajos que recuerde la
historia reciente en nuestro país.
Sin embargo,
los directivos del Fondo Monetario exhortaron a que Casa Rosada mantenga “una
gestión prudente de los salarios y pensiones”, frente a un reclamo creciente de
asalariados e integrantes del sector pasivo. Otro ítem que se incluyó en el
documento elaborado en Washington, lineamiento que adopta casi fuerza de ley
para nuestro país, fue el de “la reducción de los subsidios energéticos” que en
la actualidad sostiene el precio por servicios como el gas y la electricidad.
Esto, en un
contexto en que hubo “acuerdo de las autoridades de adelantar la primera
revisión del programa y las instaron a recalibrar las políticas”, indicó el
organismo en referencia al grupo de negociadores criollos. Mientras, la titular
del FMI Kristalina Georgieva instó a lograr “un fuerte consenso político y
social”, como elemento “clave para sostener la implementación de la agenda de
reforma”, que ahora se hizo explícita.
En el
habitual lenguaje alambicado, en un sendero que muchos expertos suponen que
podría indicar señal a los capitales especulativos y devaluación, la
funcionaria de la entidad pidió por “tasas de interés reales positivas y un
tipo de cambio real competitivo”. Ello posibilitará ir pensando en un escenario
para una “eventual flexibilización de los controles cambiarios”, herramienta
que tiene connotaciones negativas en una economía como la de suelo gaucho,
tradicionalmente propensa a la fuga de divisas hacia cuevas financieras
internacionales.
NdR, 26 de marzo de 2022.