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#Plataformasinformáticas
F.P.
Las
lamentaciones por anuncios de tipas o tipos que uno ni siquiera conoce de nombre
parecen ser el signo de estos tiempos, poblados por celebridades efímeras,
canciones deplorables y popularidad dudosa (o bien, tuneada). Aunque más
interesante es la operación mental que adivina la construcción de un gigantesco
timado, el cual se encabalga en las herramientas tecnológicas contemporáneas.
Algo empezó a
pasar como para rascarnos el occipital unos 20 años atrás, cuando se idearon
aquellas fábricas de posicionamiento de por ese entonces ignotas/os personajes:
los reality shows y su circuito de difusión por fuera de borda. En la
actualidad, son las redes sociales como las usinas de consejeros, “cantantes” o
“artistas” que, de un momento a otro, amanecen con 1 millón de seguidores. Y
pese a que en la víspera su popularidad se circunscribía a sus progenitores, la
noticia misma sobre tal millonada activa clicks por un centenar de miles más.
Entre los que
recelan de tales procedimientos para el forjado de “celebrities”, y lo dicen,
en estas primeras horas del ´22 podemos hallar a la filósofa Natali Incaminato.
La docente universitaria contó este fin de semana en Twitter que estuvo “mirando
los videos más vistos 2021 y obvio son todos traperos y los videos en cuestión
son básicamente Boybands del 2000 + hacerse los malos”.
Las bandas de
chicos a las que hace referencia la analista supieron contar a grupos corales
como Son by Four, Take That (del cual salió Robbie Williams), y anteriormente a
los Backstreet Boys o a los portorriqueños Menudo. Entre tantísimos más. Al día
de hoy, pocos recordarían el nombre de alguna canción o el aporte determinante
a la cultura popular que los anteriores podrían haber hecho. Pese a que se
tarareaban de manera incesante por radio, en el taxi, en la TV, en discotheques
o cualquier comercio.
A lo mejor lo
que cambió fue solamente el soporte de tal tarea de difusión y de divulgación. Lo
que antes las compañías de la industria fonográfica invertían en promoción,
publicidad, o bien en publinotas en revistas, diarios, televisoras o radios; en
la actualidad se canaliza mediante las redes sociales. Entonces, no resultará
inaudito que un día cualquiera alguno de estos impostados “chicos malos” permanezca
en el anonimato, y al siguiente despierte con medio millón de “likes” o “followers”.
No es ningún secreto que los íconos con el pulgar arriba y los seguidores se
compran como cualquier mercancía.
Otro de los que
indagan al respecto es el tecnólogo y economista Santiago Bilinkis. En 2020,
evaluó que “por cómo funcionan las redes, la fragilidad de nuestra autoestima
nos lleva a estar queriendo ver cómo es la vida de los demás e impactando a los
demás con nuestra imagen. Así nos la pasamos horas y horas en las redes”, le
dijo en enero de aquel año a la revista Red/Acción.
Aunque más allá
de este problema mental, el cual incluye la negación misma del periodismo
profesional, Bilinkis recordó que este “no es un invento nuevo: que a la gente
le interesaba la vida de las celebrities ya lo sabía la
revista ¡Hola! hace 50 años. Pero el acceso a una revista era
más limitado y además, la revista se terminaba. Ahora el flujo es infinito y
martilla ahí donde tu sesgo martilla más y más y más”.
Este flanco es
el que posiblemente detectaron esas monstruosas firmas de investigación de
mercado que son las tecnológicas como Google, Facebook, Whatsapp, Instagram y
Youtube. Por lo que una vez que le fueron averiguados los usos y costumbres de
quienes utilizan sus servicios, están listos para vender. Lo que se les antoje.
NdR, 2 de enero
de 2022.