La variable electoral no controlable

La tijera a los salarios que se remonta a estos cuatro últimos años resulta indicativa del humor electoral. Con el agregado que tales interrogantes se trasladan a lo proyectado por cada argentino hacia el año que viene. Qué depara el presente y cómo será el porvenir, los ejes en los que pivotean los devaneos de los salteños.
Hace 4 años ASUNTOS DE FONDO

#Panorama14N #Asuntopoliticoyeconomico

F.P.

Las monografías y estampados en papiro mantienen ciertos pruritos, en relación al ajuste bien intencionado o malintencionado, de ahora y de antes. En ello radica una dinámica compleja sobre la que sobrevuelan los desplazamientos escudriñantes del electorado salteño, con vistas al domingo 14 de noviembre.

Es que al intentar dilucidar el intríngulis en la mente del sufragante, la variable bolsillo es la que provee una convicción más contundente. Los mendrugos a los que se redujeron las remuneraciones actuales –ya sea en blanco o en tono más oscuro- dejan lejos del umbral de pobreza e indigencia a más de un 40 % de los argentinos.

La vacilación de muchas familias salteñas apunta a prever si la estrechez de estos días será algo pasajero, mientras el gobierno nacional y popular en variante descafeinada hace esfuerzos por emparchar la situación. O bien, si lo que presagian los astros de la macroeconomía tal vez depara una respuesta de empeoramiento al contexto socioeconómico.

En gran medida, la razón objetiva se encuentra en la planificación de un país que el macrismo enarboló, no como si no hubiese un mañana, sino en la perspectiva que no lo habría para unos 20 millones de prójimos. Tarifazos del 1500 por ciento e inflación galopante fueron la marca registrada de tal estilo de administración, pero con el agravante que se dio en conjunción al multimillonario pagaré por u$s 100.000 Millones (otros cálculos indican u$s 130.000 M) que no dejaron vestigio alguno en el país o en sus habitantes.

La sobremesa llegó en este tiempo bisagra entre el fin de año 2021 y el de 2022. Al estilo del restó “Soul kitchen”, subvencionado por el rockero Jon Bon Jovi [NdR: el menú se paga con el dinero que cada comensal lleva encima o devolviendo trabajo en la cocina], en breve llega la cuenta y habrá que pagarla. Estos “años locos” que disfrutó una nanominoría, ni siquiera por medio del olfato fueron percibidos por 45 millones de criollos domiciliados en cualquiera de los 24 distritos.

De todas maneras, el Estado argentino hará el intento de pagar u$s 370 millones de un vencimiento en pagos de capital de deuda externa que vencen en febrero, mientras que al mes siguiente le aguarda cancelar u$s 3.590 millones de capital. En tanto que en todo el año que viene los compromisos externos totalizan u$s 18.000 millones.

La gestión Fernández dejó pasar el uso de la bala de plata que entre principios del año pasado y la mitad de este año brindó el reconocimiento del FMI sobre violación de sus propios estatutos al sobregirar deuda durante el macrismo. Los u$s 57.000 millones enviados al macrismo fueron el equivalente al total girado por el propio Fondo a 85 países para afrontar la pandemia, recordó el Presidente Fernández en septiembre pasado, ante la Asamblea General de Naciones Unidas.  

La carta extraviada

Con este “paper” bajo el brazo, la ocasión para discutir un marco diferente con el organismo de crédito global (y plazos) el epílogo aún por redactarse a lo mejor sería distinto. Algo similar a lo sucedido con los plazos que dejó vencer para cobrarse deuda pública contraída por la agroexportadora Vicentín, sponsor de campaña del frente Juntos en 2019. La gran diferencia fue que en el caso antes mencionado el Fisco rioplatense era acreedor.  

En el común de la ciudadanía, la estrechez detectada por el GPS incorporado a la billetera tiene como un adicional la incertidumbre por lo que sucederá con este mismo catastro el año próximo. La ficción de los ultras en lo económico profundiza su prédica en contra de la emisión monetaria como causa de la inflación, lo que no tiene correlación con la realidad actual.  

Con una economía actual que es un 38 % mayor para los primeros siete meses del año, el circulante es menor al que había en 2004, precisó hace algunas semanas atrás un informe de CIFRA (CTA). Hasta julio pasado, los pesos emitidos y puestos en circulación representan un circulante monetario 3,8 % menos comparado al que había en el mismo lapso durante el año 2019, pese a que para ese año el FMI había bajado la recomendación de emisión 0 a la atribulada gestión de Nicolás Dujovne.

De un déficit primario –resultado parcial entre gastos y egresos, sin contar intereses e deuda externa- del sector público del 7,4 % del Producto Interno Bruto para el primer semestre del año pasado, la gestión de Alberto Fernández lo recortó al 1,1 % en idéntico período de 2021. Un ajuste más pronunciado que en los tres primeros años de la gestión macrista, cuando los recortes oscilaron entre 2,7 % del PIB y el 1,5 %.  

En contraposición, el dirigente social Juan Grabois calculó en agosto último que con apenas un punto porcentual, más una décima, del PIB se podría instrumentar un haber básico universal que beneficiaría a 9 millones de argentinos.

La agenda económica ha sido un tabú, parcialmente abordado y bastante escatimado durante la campaña que lleva hasta el segundo domingo del mes que viene. Una situación que excede el perfil de los candidatos locales a diputados nacionales, propuestos desde las dos fuerzas políticas que gobernaron nuestro país en los últimos 5 años y monedas.

Cuatro años en caída del poder adquisitivo de los asalariados es la llave capaz de explicar lo que marcan en números los sondeos preelectorales. Los que en muchos casos no favorecen el desempeño en los próximos comicios al Frente de Algunos, pese a los resultados logrados el pasado 12 de septiembre,  a la que par envalentonan a Juntos, a sectores de la izquierda gaucha y a coaliciones provinciales como las encabezadas por Felipe Biella o Guillermo Durand Cornejo.

NdR, 23 de octubre de 2021.