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#Pandemia
La OMS estuvo “lenteja”,
faltaron medidas firmes por parte de muchos gobiernos y algunas fallas más,
fueron las críticas realizadas por un comité de expertos en cuanto al manejo
global de la pandemia. Era “un desastre evitable”, concluyó a mitad de semana un
comité de expertos independientes creado por la propia Organización Mundial de
la Salud como una especie de auditoría externa.
No hubo
coordinación para responder ante pandemias y se contaba con fondos
insuficientes. Los alertas adolecían de lentitud y falta de precisión. La OMS
no tenía a mano mecanismos eficaces. La reacción profundizó las desigualdades.
Hubo ausencia de liderazgo internacional. Lo que derivó en un “desastre mundial”
que continúa desarrollándose y, para colmo, era “un desastre evitable”.
Tales
conclusiones surgieron luego de ocho meses de trabajo, en que el Panel
Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia presentó este miércoles
su informe final. Los puntos centrales serán detallados en la Asamblea de la
Salud a finales de mayo. El documento recoge sus conclusiones sobre lo sucedido
y sus recomendaciones para poner fin a la pandemia que tiene como saldo
provisorio más de tres millones de muertos en todo el mundo.
Los
especialistas reiteraron que la meta es aprovechar este diagnóstico a fin de
asegurar que cualquier brote futuro de
una enfermedad infecciosa no se convierta otra vez en una pandemia “catastrófica”.
En su veredicto, el Comité ratificó que el objetivo es “no más pandemias”,
junto a la advertencia que “si no nos tomamos en serio este objetivo,
condenaremos al mundo a sucesivas catástrofes”, publicó este miércoles El
Diario de España.
En este
trabajo, señalaron que “las instituciones actuales, públicas y privadas, no han
conseguido proteger a la población de una pandemia devastadora. Si no cambian,
no evitarán una en el futuro”. Corolario central que el actual sistema es
claramente inadecuado para este cometido.
Integrado por
la ex presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf y la ex primera ministra de
Nueva Zelanda Helen Clark, el grupo de trabajo precisó que el mundo “no estaba
preparado y había ignorado las advertencias previas, lo que resultó en un
fracaso masivo”. La irrupción de la enfermedad dejó en evidencia que hubo falta
de financiamiento de las naciones, como también que la mayoría de los gobiernos
carecen de procedimientos eficaces ante estas emergencias.
En particular,
el virus de COVID-19, cuyo origen es zoonótico. Por lo tanto, su “aparición era
muy probable” que ocurriera y era relativamente fácil detectar dicho patógeno
para luego contenerlo. “La aparición de la COVID-19 se caracterizó por una
mezcla de acciones tempranas y rápidas, pero también por el retraso, la
vacilación y la negación, con el resultado final de que un brote se convirtió
en una epidemia y una epidemia se extendió a proporciones pandémicas”,
señalaron.
En un informe
que se extendió por más de 80 páginas, el comité encuadró que el espíritu “no
es asignar culpas, sino más bien comprender lo que ocurrió y lo que podría
hacerse de manera diferente”. En tanto que el beneficio será extraer “la
sabiduría de la retrospectiva”, dado que la mayoría de “las decisiones tomadas
en su momento se hicieron en condiciones de gran incertidumbre”.
El trabajo
contrastó que al detectar los primeros sucesos en Wuhan, entre finales de
diciembre de 2019 y enero del año pasado, los médicos chinos consignaron los
casos atípicos de neumonía. De manera diligente, enviaron muestras de estos
análisis y compartieron su preocupación con las autoridades sanitarias.
La OMS tuvo
conocimiento del brote el 31 de diciembre de 2019. Un mes después, el 30
de enero de 2020, declaró la
emergencia de salud pública de importancia internacional, que es su
máximo nivel de alerta, de acuerdo con la legislación internacional.
El grupo cree
que el tiempo transcurrido entre esta declaración internacional y los casos que
habían sido notificados fue demasiado largo. En tal contexto, es probable que
el brote de Wuhan cumpliera los criterios para una emergencia internacional en
la primera reunión del 22 de enero. “Los procedimientos formales de
notificación y declaración de emergencia previstos en el Reglamento Sanitario
Internacional (RSI) fueron demasiado lentos para generar la respuesta rápida y
preventiva necesaria para contrarrestar un nuevo patógeno respiratorio de
rápida evolución. Se perdió un tiempo valioso”, puntualizaron.
En un anticipo
ante la prensa internacional, Helen Clark señaló que la OMS “se vio
obstaculizada y no ayudada por las normas y procedimientos sanitarios
internacionales”. Lo cual marcó la urgencia por contar con “una OMS con más
poder".
Frente a estas
situaciones, quedó en claro que el sistema de alerta no permite actuar con
rapidez cuando se enfrenta a patógenos respiratorios de este tipo y que el
Reglamento Sanitario Internacional, jurídicamente vinculante, es un instrumento
“conservador”. Es decir, sirve para “restringir en lugar de facilitar una
acción rápida”. Por ello, debe afinarse la definición de un nuevo brote
sospechoso con potencial pandémico. También, que “no se aplicó el principio de
precaución” a la evidencia temprana al momento que esto era pertinente.
NdR, 12 de mayo
de 2021.