Deseo concedido

El hijo de un multi condenado por crímenes de lesa humanidad que se desempeñó en Córdoba y el Norte Grande fue detenido con falopa para vender. El vástago del represor pidió no ser identificado, siguiendo la doctrina Teruel. De manera tal que rogamos a nuestros lectores transformarse en guardianes de tal secreto.
Hace 5 años ESTRADOS

#Córdoba #Fafafa #Detención

El retoño del genocida LMB, quien supo estar al mando del accionar represivo desde Córdoba hacia arriba en el mapa argentino, pidió “doctrina Teruel” tras ser imputado por tráfico de droga. Al “muchacho” criado en semejante ámbito familiar, al menos no se le dio por lo escatológico de su progenitor -cuyas iniciales podrían remitir extraoficialmente a las de Luciano Benjamín Menéndez-, pero manteniéndose siempre del lado delictivo, según parece.

Eso sí: solicitó no ser identificado como el hijo de LBM, tras ser detenido en el macrocentro de la capital cordobesa (Deán Funes al 1200, barrio Alberdi) con 2.000 dosis de marihuana y elementos para fraccionar el estupefaciente. Juan Martín, luego que el perro “Byron” detectase la falopa en el departamento, en un primer momento alegó ser “hijo del General” y luego solicitó acogerse a la Enmienda Teruel [NdR: músicos familiares de Lautaro, quienes a lo mejor deberían haber pedido que no trascendiesen las fotos del muchacho acusado de violación]. Es decir, que no trascendiera su filiación.

Juan Martín M, de 46 años, fue detectado in fraganti por la brigada antidroga de la policía mediterránea, en momentos en los que manipulaba un balancín, con $ 30.600 productos de la venta de la opiácea. En una sutil inobservancia de su solicitud, los medios de prensa del resto del país se concentraron en la figura de Luciano Benjamín Menéndez, policondenado en 12 causas de lesa humanidad. Tal vez un presagio atenuado del porvenir que le aguarda a su hijo.   

El padre del “hijo del general” ocupó, desde 1975 hasta 1979, el comando del III Cuerpo del Ejército. Esto le permitió en esos años ser el mandamás en Córdoba y además en La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy. El genocida murió en febrero de 2018 a los 90 años en un hospital de la capital cordobesa, donde cumplía prisión domiciliaria, a pesar de habérsele comprobado desapariciones de personas, asesinatos, secuestros, torturas, violaciones y robos de bebés.

Por ello, los archivos judiciales le asignan el mando del área 311, una de las que repartió en cuatro segmentaciones el último gobierno cívico-militar para el plan de exterminio a mediados de la década del 70. A diferencia de su hijo menor, Menéndez tenía diversos alias, tales como “Hiena”, “Chacal” o “Cachorro”, los que sin embargo, de haberse dedicado al mismo rubro que su descendiente, tampoco lo hubieran preservado de pasar desapercibido.

Incluso, Menéndez padre se encargó de administrar el centro clandestino La Perla, por cuyas mazmorras pasaron alrededor de 2.500 prójimos que terminaban hechos unos cristos. De acuerdo a los testimonios recolectados en diversos juicios que se sucedieron desde 2008, “Chacal” supervisaba fusilamientos al borde de las fosas, igualmente que durante esas sesiones con sobrecarga de 220V en las que las preguntas formuladas eran lo de menos.  

En 1990 fue beneficiario directo del indulto presidencial firmado por el ex presidente Carlos Saúl Menem, pese a que aún no había recibido condena.  Como esos loquitos de películas yanquis o borrachines que abrazan el delirium tremmens, Menéndez recitó que sus “enemigos fueron los terroristas marxistas” y que “jamás perseguimos a nadie por sus ideas políticas”. A lo mejor, una dosis de lo que comercializaba Juan Martin no le hubiese venido mal, allá por los 70, al menos para dejar de imaginar que peleaba contra algún ejército rival. Y así evitar el paso del heraldo alado que le gritara en su hora final: "Siempre serás un cagón". 

NdR, 8 de mayo de 2021. 


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