#Manifiesto
#SaludMental #Brasil
"Nosotros,
analistas brasileños participantes de la Conferencia Latinoamericana del
Journal of Analytical Psychology, pedimos un espacio para denunciar,
nuevamente, la gravísima situación en que se encuentra Brasil y el pueblo
brasileño.
Vivimos el impacto de la tragedia de la pandemia de Covid-19 que está cada vez
más preocupante y ya mató a más de 300 mil personas en todo el territorio
nacional. A pesar de estar en cuarentena hace más de un año, el número de
enfermos y muertos crece aterradoramente, generando la agonía del sistema de
salud tanto en la modalidad pública como privada. Faltan vacunas, medicinas,
profesionales de la salud, espacios para enterrar a los muertos: colapso,
simultáneamente, ¡hospitalario y funerario! El miedo extremado al paroxismo, la
ansiedad y la depresión, evidentes expresiones de una condición traumática, se
generalizan y aparecen diariamente en nuestra clínica. Con la pandemia, la
crisis económica que ya estaba instalada se intensificó, multiplicando el
desempleo, el hambre y la miseria explicitados por el escenario desolador que
inquieta nuestros ojos: las calles de Brasil colmadas por personas y más
personas viviendo en situación precaria.
La necesaria cuarentena solamente se hace posible para las poblaciones más
favorecidas financieramente: multitudes tienen que luchar por su supervivencia
cada día, enfrentando transportes públicos abarrotados, resultando en una
aglomeración contraindicada por los protocolos divulgados por la Organización
Mundial de la Salud. La irresponsabilidad gubernamental excede los límites
tolerables. Por ejemplo, el auxilio financiero destinado, en el año del 2020, a
la población pobre y miserable, no fue mantenido este año. Fue aprobada,
solamente, una pequeña ayuda financiera que aún no fue distribuida. Los ricos y
poderosos han demostrado no tener prisa... Mientras tanto, ¡el país pide
socorro, asfixiado!
El enfrentamiento de la pandemia en Brasil agrava las adversidades de un
contingente poblacional acosado por otra asombrosa tragedia. Al final de 2018,
fue elegido un gobierno de extrema derecha que ha sido responsable de la
gravedad de la pandemia en Brasil. Desde el inicio, el presidente de la
República defendió medicamentos sin efecto, combatió el distanciamiento social
y el uso de máscaras, estimuló aglomeraciones, negó la necesidad de vacunas,
incitó dudas en la población con respecto a la cientificidad de las medidas
preventivas y no organizó el sistema de salud para enfrentar la pandemia. Hoy,
podemos denunciar que los ciudadanos brasileños ven, atónitos, un genocidio,
testimoniado con frialdad, desdén e incluso con sarcasmo por Jair Bolsonaro y
su gobierno.
Es desolador constatar que la calamidad que vivimos el año pasado no encuentra
referencias en la historia brasileña. El gobierno Bolsonaro aprovechó la
pandemia para acelerar sus objetivos perversos: destruir el Estado brasileño,
con el silencio y la complicidad de gran parte de la elite económica que quiere
aprovechar este desgobierno para disminuir las leyes que intentan proteger a
los más pobres, la salud y la educación pública, el medio ambiente, las tierras
indígenas, el bosque amazónico y el Estado democrático de derecho.
Durante el año pasado, mientras quedarse en casa y mantener el distanciamiento
pasó a tener en Brasil un significado político de oposición al gobierno, fuimos
incitados a oír, impotentes, las declaraciones absurdas y perversas del
capitán-genocida, invariablemente ladeado por militares de alto rango. Sin
aparentar ningún pudor o ni siquiera vergüenza, el presidente elogió el período
de la dictadura militar y sus implacables procedimientos de tortura, habiendo
recibido a torturadores de ese período en el palacio de gobierno. No bastase
tamaña sordidez, desmanteló los órganos de defensa de la Amazonía y de sus
pueblos ancestrales, burlando la percepción crítica de la población con
respecto al incendio sin control e intencional del bosque amazónico y del
Pantanal – la mayor planicie inundable del mundo.
Imágenes de
animales silvestres quemados en este paisaje nos aterrorizan. Como complemento
a este programa sistemático de violencia, el presidente incentiva la
destrucción de tierras indígenas por la minería clandestina que ya no es
reprimida. Hoy, hay tribus enteras contaminadas por el mercurio ilegal que
envenena los ríos amazónicos, una de las mayores reservas forestales del mundo.
Sin embargo, la acción más abyecta del gobierno Bolsonaro consistió en su
insistente negación a comprar vacunas contra el Covid-19, mientras importaba y
autorizaba la adquisición de armas para ser usadas por sus apoyadores. Junto a
tal infamia,
presenciamos una política de destrucción de las mejores universidades del país
y constatamos que no hay ninguna planificación para garantizar la enseñanza
pública durante la pandemia, lo que motiva, hace más de un año, el abandono de
las escuelas y la inexistencia de clases destinadas a los niños pobres. Como
complemento a este programa mortal, la palabra género está prohibida en las
aulas y la homofobia, el racismo y la misoginia se convirtieron en un
espectáculo diario.
¡Brasil está asfixiado! ¡Hay un genocidio en curso!
¡Este manifiesto solicita una escucha atenta a los amigos de la comunidad
Junguiana, para que estas denuncias lleguen a todo el mundo y, también, para
que podamos encontrar apoyos fraternos!".
NdR, 11 de
abril de 2021.