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Desde la mesa
principal del Banco Mundial plantearon que una medida urgente y necesaria será
aliviar del peso de la deuda externa a los países pobres o en vías de
desarrollo. Ello permitirá a dichas naciones enfrentar la pandemia y mantener
en funcionamiento las respectivas economías.
Este lunes, el
Banco Mundial alertó que 2021 podría finalizar con 150 millones de personas
sumidas en la pobreza extrema. Por lo cual, el directivo de esta entidad
supranacional, Axel van Trotsenburg,
exhortó a que “los países ricos no sólo deben invertir en su recuperación”,
también deben actuar sobre esta variable.
Desde las páginas del diario español El País el director general de
operaciones del Banco Mundial puntualizó que cerca de “120 millones de personas
han pasado a engrosar la lista de quienes viven en la pobreza extrema en 2020.
Y esa cifra podría alcanzar los 150 millones en 2021”. Luces amarillas en el tablero.
El analista se remitió a cálculos de entidades internacionales, según
las cuáles se extinguieron 250 millones de empleos en todo el mundo, en tanto
que la inseguridad alimentaria se duplicó y en estos días afecta a 272 millones
de prójimos. Estos datos, cabe indicar, corresponden a lo medido hasta el año
anterior. “Una década de progreso en los países más frágiles ha sido borrada
del mapa”, resumió Van Trotsenburg.
De acuerdo a
estas cifras, superan los 1.000 millones la cantidad de niños que perdieron la
escolarización por la pandemia, con lo cual este grupo etario también perderá
posibilidades de hallar trabajo que permita desarrollar su potencial. Esto,
detalló el especialista porque el desempleo conlleva a que la pérdida de las “principales
fuentes de ingresos” genere “muchas más dificultades para alimentar sus hogares
y no son capaces de enviar las tan necesarias remesas que sus familias esperan”.
Frente a este
panorama, el directivo del BM consideró que a fin de “ponerle freno a esta
destrucción de la vida y sus mecanismos de subsistencia, la comunidad
internacional debe actuar de manera ágil y acelerar las medidas de apoyo a
ciertos países para ofrecerles la posibilidad de una recuperación sostenible
que garantice un futuro mejor para sus habitantes”.
Una de las vías
para esto sería garantizar a los países menos desarrollados el acceso a vacunas
de las que ya se aplican en países más poderosos. Por ello, exhortó a la
comunidad internacional orientar su esfuerzo en asegurar un acceso “justo y
equitativo a las vacunas de manera real, sin quedarse sólo en la retórica”.
En el último
año, mientras los países industrializados invirtieron hasta un 20 % de su PIB
en medidas de estímulo a la recuperación de sus economías, las naciones con
mayores dificultades sólo volcaron un 2 % de su PIB a esta misma función. Por
ello, Van Trotsenburg señaló que será “crucial que los estados inviertan en la
recuperación, pero si no se enfoca con una perspectiva más amplia, nos
arriesgamos a que aumente aún más la distancia entre países ricos y pobres”.
En este plano,
destacó que el “Banco Mundial ha aumentado los recursos de la Asociación
Internacional de Fomento, nuestro fondo para los países más pobres, y vamos
camino de comprometer 55.000 millones de dólares para esos países entre abril
de 2020 y junio de 2021”. De todas formas, lo fundamental será librar a los
países más atribulados del peso de sus deudas externas.
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“Es necesario
aligerar la carga de la deuda para liberar recursos, de modo que los gobiernos
puedan combatir al virus al tiempo que mantienen el funcionamiento de servicios
esenciales. La iniciativa de alivio de la deuda del G20 ha ayudado. Ahora
necesitamos más implicación del sector
privado”. Axel van Trotsenburg (Banco Mundial).
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El directivo
del BM instó a que “la respuesta debe ser global”, pues “las pandemias, las
recesiones globales y la crisis climática no respetan las fronteras nacionales”.
En tal sentido, consideró esencial la transición hacia un manejo del
crecimiento en tono “más verde”, a fin de reforzar a la ciudadanía “con
servicios de salud, educación, vivienda, agua y protección social mejores que
los actuales”.
En paralelo,
recomendó situar en un mismo plano de consideración a los mecanismos de
prevención ante crisis climáticas como a los que pudiesen afectar la “estabilidad
macroeconómica, los sistemas de protección social y las infraestructuras”. Una
variable innegable es que “la desigualdad se ha agravado y eso significa que
debemos priorizar la intervención a favor de los más desfavorecidos, sobre todo
de mujeres, niñas y jóvenes con discapacidades”.
Al respecto,
reiteró que “los sistemas de protección social deben ser inclusivos, apoyar a
los hogares más vulnerables y evitar que aquellos que no han caído en la
pobreza sigan ese camino”. En camino a tal objetivo, será “de vital importancia
una cooperación internacional sostenida en el tiempo. Cuanto más la retrasemos,
el daño será más profundo. No solo para los países en vías de desarrollo sino
para todos”, alertó.
Van Trotsenburg
adelantó que “un enfoque de ´que siga todo igual´ no va a ofrecer resultados.
Sin sentar bases sólidas, los países se verán atrapados en costosos ciclos de
retrocesos y recuperación”. En particular, garantizó que “el Banco Mundial
continuará trabajando con las instituciones internacionales y las autoridades
nacionales para ayudar en la coordinación de la respuesta mundial”. Dado que “trabajando
juntos, podemos estar a la altura del desafío de una recuperación verde,
inclusiva y que se adapte a las circunstancias para todos”, concluyó el
directivo.
NdR, 8 de marzo
de 2021.