Algo más que fe a la sociedad

Los sacerdotes de barrios populares son, en gran medida, quienes sostienen un cierto equilibrio social. A través de cada uno de los 190 centros que funcionan en 19 provincias de nuestro país se realiza esta tarea. La que impacta un poco más allá de la urgencia alimentaria.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

#Iglesia #PromociónSocial #CurasVilleros

Si se evalúa sin prejuicios y con detenimiento la verdadera función de promoción social no la hace, sólo por dar un ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Social de la nación. Esta tarea, en realidad descansa sobre los hombros de los curas villeros que contribuyen desde 190 centros distribuidos en 19 provincias de nuestro país.

Es necesario aclarar la cuestión lingüística, antes de ingresar en la evaluación de esta problemática. A tales fines, deberá entenderse a la promoción social como el conjunto de acciones que contribuyen a la movilidad social de sectores vulnerables. Es decir, no sólo la atención de la urgencia alimentaria, sino que en paralelo deben proveer a los asistidos las herramientas conceptuales que en el futuro le permitiría prescindir de lo primero.

Es un poco más que la simple distribución de módulos alimentarios. Los centros que se denominan Hogares de Cristo se encargan de esta tarea, por ello en un artículo publicado esta semana por la agencia Télam sintetizaron entre sus objetivos los “cambios positivos en múltiples dimensiones de la vida” logrados en su público-meta.

Dicha conclusión fue presentada el martes pasado en un informe que abordó el efecto de estos centros en el desarrollo humano y la inclusión social de personas en situación de vulnerabilidad social, como también el consumo problemático de drogas en el interior de estas unidades. En el abordaje sociológico de las organizaciones humanas, a esto se denomina “control de gestión”, otra función no contemplada en organismos estatales.  

“El Hogar de Cristo es una consecuencia de pensar una parroquia popular, donde nadie podía quedar afuera”, le dijo a la agencia estatal el sacerdote José María “Pepe” Di Paola. “Es una iniciativa nacida de una iglesia popular y que ahora está en toda la Argentina”, completó el religioso, quien coordina el Equipo de Sacerdotes de Villas de  ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires, y de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones del Episcopado. 

Junto a Di Paola, el informe fue detallado en la ponencia que estuvo a cargo (en modalidad virtual) de Ann Elizabeth Mitchell, directora del proyecto, doctora en Economía de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, y profesora de la Universidad Católica Argentina; junto con Ana Clara Camarotti, doctora en Ciencias Sociales y docente universitaria. Los tres se ocuparon de dar las conclusiones en la transmisión del martes, concretada desde la parroquia de Villa 21-24, en el barrio metropolitano Villa Lugano.

El énfasis del trabajo estuvo puesto en “la integralidad” de la labor realizada en los Hogar de Cristo. En particular, durante la cuarentena y al puntualizar respecto al consumo de sustancias, dado que “no se pensó en el tiempo libre de los jóvenes y adolescentes que en los barrios se juntaban igual”, recordó el Padre Pepe.

Esto puso a prueba la capacidad de respuesta de cada Hogar de Cristo ante situación de “vulnerabilidad social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, poniendo en primer lugar a la persona y sus cualidades”, según la definición de estos órganos –creados en 2008- que actúan de manera coordinada con Cáritas Argentina.

En el resumen del trabajo que se extendió a la prensa, resaltaron “la necesidad de desarrollar respuestas específicas de acompañamiento para las mujeres, diseñar políticas de empleo que tomen en cuenta las trayectorias de vida de los jóvenes en contextos urbanos de marginalidad y fortalecer el trabajo conjunto entre el sector público y la sociedad civil en el diseño de políticas de prevención y tratamiento de adicciones".

NdR, 27 de febrero de 2021.