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F.P.
Viene creciendo
y será cada vez mayor, hasta convertirse probablemente en masiva la cantidad de
conciudadanos que optaron por una vía socrática en el actual momento de sus
vidas. Consideración que abarca, no sólo a quienes conocieron el pensamiento
del gran latero alopecio, quienes dicen haberlo leído y quienes aseguran haber
hablado con él, sino también a los que optaron por su mismo camino final.
El beberse la
cicuta es algo que ha intrigado a generaciones de prójimos (las actuales
inducidas a curiosear, gracias a la colega Silvia Troyano), desde el año 399
antes de Cristo hasta hoy, el del buey para la tradición china. Una acción en
la que hay cada vez más reclutas deseosos de probar el veneno en sus diversas
versiones: hindú, ruso, chino, británico, estadounidense, coreano o cubano.
Pocos estarán
tentados a rememorar, excepto el presidente Fernández, la presentación judicial
por “envenenamiento” que había realizado un sector de la oposición. En concreto,
la ex diputada nacional Elisa Carrió –junto con Juan Manuel López y Mónica
“Dióxido de Cloro” Frade-, quien habría recibido tal revelación en algunos de
los más recientes viajes astrales y a partir de tales confidencias espectrales
solicitó a la justicia evitar posibles muertes.
La concepción
yiyamuranista de la que se recubrió al mandatario, por estas horas de gira
oficial por México, paradójicamente predispuso a millones de argentinos en su
dirección. Así el veneno ruso, más peligroso que el comunismo, agotó su
existencia en cuestión de días y a finales de mes el maléfico Centro Gamaleya
continúa recibiendo numerosos pedidos de aquellos frascos tóxicos. No sólo de
los socráticos rioplatenses, sino desde diversas partes del mundo.
En la semana que
va camino a ser difunta, junto con el mes, el fiscal federal Guillermo Marijuán
desestimó la imputación presidencial por “envenenamiento”. Con lo cual,
tácitamente habilitó la ingesta de la cicuta moscovita. Y a diferencia de aquel
famoso juicio de esos tiempos de gloria helénicos, el funcionario no administró
reprimenda para Carrió y López. Así zafaron de empardarse a Ánito y Meleto, los
querellantes del 399 AC.
Con más de
16.000 socráticos salteños que ya se administraron la ponzoña anatematizada por
los dirigentes coalicionistas cívicos, sólo cabría esperar que dicho fluido
haga su perniciosa labor. Pero en base a nuevas revelaciones, en estos días
Carrió descubrió que la agrupación La Cámpora canjea la rúbrica de una ficha de
afiliación a cambio de una dosis del veneno disfrazado en ampolla de vacuna.
En base a este
hallazgo, una de las conclusiones posibles de todo este tutti frutti
jurídico-político sería que los dirigentes de la rama juvenil del kirchnerismo
se postularían como los herederos del período siguiente. Pese a ser La Cámpora
un sector del kirchnerismo, en lugar de un partido formalmente constituido.
Igual, la historia tiene en dicho rol, como sucesores del pensador alopecio
–ateniense- al aéreo Platón, al burlisto de Aristófanes, y al barón de los
socráticos, Aristóteles.
Si cabe la
digresión, las crónicas de época describen a Sócrates como un peladito medio
corto de estatura, abdomen hacia adelante, frente amplia, nariz respingada y
ojos saltones. Casi como el Chuck Hasboro de la escena con “Chuck & Cindy”
que retrata la película “Todos sucede en Elizabethtown”, dirigida por Cameron
Crowe, y que protagonizan Kirsten Dunst
y Orlando Bloom.
Y al igual que
el filósofo que prefirió beber la cicuta a refugiarse en las compadradas de la
barra cercana, el camino de la virtud y la sabiduría en ocasiones tiene algunos
saltos que lo describen como imprevisible. Un brindis por eso! Y también por el
filósofo griego.
NdR, 25 de
febrero de 2021.