#Medea
#Acrópolis #Clima #Mitología
Se sabe que los
viejos griegos supieron cultivar una virtud sin par como inmensos cuenteros,
cuyo único fin fue proveer de explicaciones acerca del mundo a la psicología y
otras disciplinas algo más cuestionadas en la actualidad. Entre ellas, la de la
brujería, que sin embargo tuvo a la tormenta “Medea” como la que cubrió de
nieve al vetusto templo ateniense de Acrópolis.
Las imágenes y
relatos de agencias internacionales como Reuters dieron cuenta de este fenómeno
climático, generado a partir del temporal de vientos helados y nieve que
azotaron Grecia en las últimas horas. De manera tal que las autoridades de este
país tuvieron que suspender la campaña de vacunación contra el coronavirus, no
por miedo a los embrujos de la diosa que inspiró el nombre de esta tormenta,
sino por las bajas temperaturas.
A mitad de
semana, las autoridades helénicas –casi como una prerrogativa del macrismo-
recomendaron que nadie saliese a las calles antes de las 10 de la mañana,
debido a los azotes de “Medea”. Aunque confían que en las próximas horas, la
furia de la diosa cesará y se conseguirá abuenar su temperamento, cuestión de
retomar las tareas habituales.
Como se
recordará de aquellos imaginativos pioneros de la civilización griega, la
mencionada fulana cargaba con fama de ser medio propensa a las pociones mágicas
y cultivar la hechicería. Nada semejante logró comprobarse, mucho menos cuando
Medea sucumbió ante los encantos de Jasón, quien al mando de los argonautas,
realizó una serie de desafiantes tareas que se supone logró concretar con la
ayuda de su amada.
Se sabe que los
bueyes, por más que proyecten de sus intestinos llamaradas de fuego, son
bovinos fáciles de domesticar y propensos a arar terrenos de cierta fertilidad.
Como también que al sembrar dientes de cualquier dragón germinan esqueletos con
ánimo de guerrear, pero que al arrojar una piedra grande al medio se atacan
mutuamente y los pocos que sobreviven son fáciles de exterminar. Con o sin
ungüentos hechos por Medea.
Pero como en
toda cuestión de brujería, que las hay y que las hay, esta vez la gran hechicera
helénica extendió su manto blanco. En pleno siglo XXI cubrió el principal
templo de culto pagano que aún conserva la capital griega y dio una señal que
el vecindario no debe olvidarse de ella. Al menos, no tan fácilmente.
NdR, 19 de
febrero de 2021.