#Salón
#Cleveland #RockAndRoll
A todo rocker
que mantenga a nivel razonable la adrenalina, seguramente debe darle cierta
comezón en la espina dorsal ver a extraños personajes alzarse con el cetro que
en algún tiempo estuvo reservado a los más duros de la música. Un caso de éstos
describe al inoxidable Mark Farner, cofundador y cantante de los inmortales
Grand Funk Railroad. En contraste con los 4 de copas que últimamente se los
imposta con veneraciones de próceres, el tipo instó a dejar de lado el Salón de
la Fama del Rock And Roll.
Tras
considerarla una experiencia muerta, Farner resumió este fin de semana que este
Rock Hall of Fame es apenas un ámbito para los negocios en la industria musical
y con fuerte tinte político. Nada del espíritu que se había propuesto darle su
fundador, el empresario y músico Ahmet Ertegun (Atlantic Records) sobrevive ya,
dijo el cantante de Grand Funk al notar la proliferación de artistas de rap y
hip hop [que, más allá de toda consideración estética poco tienen que ver con
el rock, si bien no así con el folklore estadounidense] en las últimas
celebraciones.
Este panorama “sólo
muestra la ilegitimidad de ese Rock
Hall”, aunque “la gente definitivamente es lo suficientemente
inteligente como para saber esto”, le dijo Farner este fin de semana al portal
Sofa King Cool. En cuanto al manejo de los organizadores del evento que se
realiza en Cleveland, el músico dejó en claro que los caprichos para incluir a
ciertas figuras de la música o excluir a otras, únicamente tienen como meta el
posicionamiento de un producto para consumo cultural masivo.
Frente a ello,
evaluó que “necesitan que se les recuerde que el Rock Hall no es una representación de la voluntad del pueblo;
es una representación de la voluntad de los dueños del Rock Hall”, aclaró en alusión a los
encargados del Salón. “Eso es lo que es, y es súper político”, advirtió el ex
frontman de Grand Funk Railroad.
En dicho contexto,
Farner no pasó por alto un incidente que protagonizó el músico Steve Miller en
2015. En aquella ocasión, Miller increpó duramente a los organizadores del Hall
of Fame desde el mismo atril al que había subido a recibir el premio [un
publicista del Salón le había exigido al músico que cesara con su discurso, a
lo que éste le respondió: “No, no vamos a terminar con esto, te voy a terminar.
Ve a sentarte allí y aprende algo”, le recomendó; y cerró alertando que “así de
cerca estuvo todo este espectáculo de no suceder debido a la forma en que los
artistas están siendo tratados”].
A esto aludió
Farner al rememorar que “Steve Miller no
lo pasó bien allí” y contó que leyó algunas crónicas, luego de las que lamentó
por su colega que hubiesen ocurrido. En general, el ánimo de los organizadores
del Salón de la Fama parece refractario a los rockers tradicionales que
pusieron cimientos a esta variante musical, mientras que se muestran más que
receptivos a expresiones estéticas que cuentan con mayor predisposición por
parte de los consumidores (ya que también concentran la mayor parte de la
inversión publicitaria). Pero poco parentesco con el rock, en este último caso.
En cambio, el
compositor de temas como “We are an american band” se declaró mucho más
orgullos “por recibir la Medalla
de Honor Cherokee”, dijo en referencia a la distinción otorgada por esta
comunidad aborigen. Un premio que se le dio a los Grand Funk en medio de una
actuación de la banda en Hankinson, Dakota del Norte, en el año 1999.
“No necesito
estar en un Rock Hall.
Porque sin la opinión de la gente, es falso. Está politizado y, hermano,
simplemente no es real”, lo que sucede en el Salón de la Fama del Rock And Roll.
De los incesantes tartamudeos en que han incurrido los coordinadores del evento
para explicar el criterio de selección de los galardonados, sólo se extrae que
los candidatos pueden inscribirse luego de 25 años de haber publicado sus
primeros discos. Sin embargo, esto dejaría fuera de competencia a los artistas
de rap y de hip hop que en los últimos años son los predilectos para publicitar
en la industria musical.
A esto, los curadores
del Hall Of Fame denominaron entre los criterios que “incluyen la influencia y
la importancia de las contribuciones de los artistas al desarrollo y
perpetuación del rock 'n' roll”. Algo excesivamente relativo, pues si bien el
rock nunca ha renegado y de hecho los principales artistas así lo reconocieron,
al notar que recibió el aporte del blues y el jazz en sus comienzos, pero cuesta
imaginar el nexo que podría establecerse respecto al hip hop, el trap o el rap
(más allá de “Walk this way”, de Aerosmith, o bien “Pour Somme sugar on me”, de
los Def Leppard).
Todo indica,
más bien, un desembarco a pleno de fuertes intereses comerciales que utilizando
la excusa del rock usufructúan parte de esta estética para satisfacer intereses
lucrativos. Por caso, los Kiss recién en 2014 fueron admitidos en el Salón de
la Fama; los Deep Purple recibieron su membresía en 2016. En contraste, nadie
podrá negar que los neoyorkinos y los británicos cimentaron la corriente
rocker, mucho más que deplorables celebrities al estilo Eminem.
Por su parte,
los Grand Funk Railroad que supo liderar Farner están en la lista del Hall desde 1994 (Kiss desde 1999, los Purple desde
1993). Una de las primeras agrupaciones que agotaba localidades en grandes
estadios desde 1969, intercaló oro y platino para sus discos “We are an
american band”, “Some Kind Of Wonderful” y “I'm Your Captain (Closer to Home)”, con los
que contribuyeron a definir el rock and roll de los setenta.
Farner escribió
más del 90 por ciento del catálogo de los Grand Funk Railroad, además de
ser renombrado por su gran carisma sobre el escenario y atractivo central de
esta banda. Poco más de medio siglo después, el artista es capaz de ofrecer
actuaciones con la misma energía que en aquellos años en que hicieron cantar a
toda una generación. Pero ni eso parece haber bastado para convencer a los
organizadores del Salón de la Fama del Rock And Roll, por lo cual deslegitiman
tal nombre.
NdR, 7 de
febrero de 2021.