#Producción
#BienesCulturales #Democracia
La producción
informativa, como parte de la industria cultural, la pluralidad noticiosa y la
democracia misma se encuentran en la cuerda floja, según un informe del
Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Este fenómeno de concentración actúa tanto
sobre la oferta como sobre la demanda, la que es moldeada en base a los
parámetros de los grandes grupos empresarios del rubro tecnológico, tanto
extranjeros como locales.
En el estudio
publicado este fin de semana por SiPreBA, definieron que Latinoamérica es “una
región en donde es cada vez menor el espacio para generar contenidos en
cualquier formato que reflejen y representen las distintas formas de pensar e
instalarse en el proceso de circulación social de sentido”.
Los autores de
este trabajo, Agustín Espada y Santiago Marino, alertaron que esto plantea una
situación que pone bajo “amenaza” a la propia “democracia”. Un factor
fundamental es la precarización en el trabajo periodístico, junto con una
preocupante “desprofesionalización” en las fuentes noticiosas y del contenido
que circula en el hemisferio digital. La “uberización” de la producción
informativa.
Según el dúo de
especialistas, las plataformas “regulan de facto” la oferta y “limitan la
capacidad” de los usuarios a la hora de determinar qué información personal
puede ser comercializada. Esto apunta a centrar en la escena a Google
(Youtube), Facebook (Whatsapp e Instagram), Netflix y Spotify, gigantescas
productoras y distribuidoras de contenidos digitales, y en menor medida Flow,
del Grupo Magnetto-Noble (Clarín).
Este proceso de
concentración, ulterior a la confluencia hacia el soporte digital, se dio en la
producción y distribución de contenidos informativos, culturales y de
entretenimiento. Y que fue acompañada por una modificación en los hábitos de
consumo, además de una reducción en la inversión publicitaria (en gran medida, captada
por las compañías enumeradas en el párrafo anterior).
“La captura de
la audiencia y la propiedad de los productos cultures e informativos por parte
de capitales extranjeros antecede a la convergencia digital. Sin embargo, la
intermediación de Facebook, Google, Apple, Netflix y Disney, entre otras,
aceleró y profundizó el fenómeno”, fue una de las conclusiones a las que
arribaron Marino y Espada. El estudio mencionado se titula “Modelo y casos de
regulación de plataformas para la diversidad cultural y periodística”.
Si bien existen
indicios que marcan la presencia de este fenómeno en diferentes partes del
mundo, en América Latina es más pronunciado y profundo. Y pese a las
restricciones externas que presenta la economía criolla, es cada vez mayor el
ingreso de bienes y servicios culturales. En particular, a través de
plataformas de streaming como Spotify o Netflix, principales vectores que
extranjerizan la renta de este rubro (cultural).
Según el
estudio realizado por Marino y Espada, el 85 % de la renta corresponde a la
importación de servicios de streaming, provisto por las principales compañías estadounidenses.
En tanto, el 15 % restante se “lo lleva” Spotify, firma de esta misma
procedencia, pero con domicilio legal en Suecia. Para tomarlo en perspectiva:
hacia 2016 nuestro país importó servicios de streaming por u$s 171 millones,
mientras que en 2019 este desagregado se hizo por un valor de u$s 330 millones.
Es decir, uno de cada dos pesos que se gastaron en consumo cultural fue a dar
con el pago de streaming.
En este
escenario, el trabajo que publicó SiPreBA concluyó que la actividad
periodística y el porvenir de ésta se encuentran bajo amenaza. Lo que, a
mediano plazo, también será un riesgo en aumento para todo el sistema
democrático.
Fue la
consecuencia de los cuatro años de la gestión Cambiemos, al deshacer las
regulaciones establecidas en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Principalmente, a través de normas dictadas por el Ente Nacional de
Comunicaciones a favor de las empresas más poderosas. “Desactivó los límites a
la concentración de la propiedad y a la propiedad cruzada, eliminó la
prohibición nunca cumplida de que operadores de TV abierta y paga pudieran estar
en las mismas manos y estableció que la TV por cable – principal sistema de
distribución de contenidos audiovisuales – saliera de la órbita de la LSCA”, remarcaron
Marino y Espada.
Cabe recordar
que en 2017, la gestión macrista les posibilitó a empresas del rubro
telecomunicación a ingresar en la prestación de la televisión paga –ya fuere en
cable o por fibra óptica- y al mismo tiempo le permitió al holding
Magnetto-Noble desembarcar en el negocio de la telefonía móvil. Este período,
ni de cerca, fue el que fomentase “una mayor diversidad discursiva” en nuestro
país (preocupación que resulta común a EEUU y la Unión Europea).
Ante todo el
manchancho realizado durante la administración Cambiemos, el arribo al gobierno
nacional del Frente de Todos mantuvo este panorama sin variantes, puesto que no
adoptó ninguna decisión de fondo. Excepto una dubitativa declaración a la
internet, televisión paga y telefonía como servicios públicos, en lugar de
regulaciones un poco más osadas que realizan en estos días los países que
integran la Eurozona y Estados Unidos.
En un catastro
con merma en la torta publicitaria, los portales digitales lograron quedarse
con uno de cada cuatro pesos invertidos por anunciantes. Frente a este avance,
el contraste estuvo dado por el declive de los productos en soporte gráfico
(diarios y revistas), la publicidad en la vía pública y la televisión abierta.
El exhaustivo
trabajo de investigación puntualizó que en mayo de 2020 apenas si se vendieron
500.000 ejemplares de diarios en papel (en comparación al 1.100.000 que se
vendían entre 2.000 y 2.011). En este plano, Espada y Marino especificaron que
en 2018 y 2019 los avisos del Estado nacional representaron el 10 % del total
en publicidad. Un peso que trepa hasta el 20 % si se contabiliza lo invertido
por distritos como Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, así como
también Córdoba y Santa Fe.
Aunque, “los datos
de actividad y facturación de los distintos sectores del mercado de las
comunicaciones muestran que la caída de ingresos es general”, dijeron los
autores del citado trabajo. En particular, el de medios audiovisuales que
descendió desde un 10 % del total hasta un 7,5 % entre 2014 y 2019. Otro rasgo
del proceso de concentración y propiedad cruzada.
Por caso, el
holding Magnetto-Noble (Clarín, Canal 13) tiene el 42 % del mercado de la
telefonía fija, un 34 % de la telefonía móvil, el 56 % de las conexiones de
banda ancha, el 35 % de la conectividad por wi fi y el 40 % de la televisión
paga. Junto con el control sobre las publicaciones gráficas (diario Clarín y La
Voz, entre otros), radios (Mitre, La 100) y canales abiertos de
televisión.
NdR, 2 de enero
de 2020.