Cuatro ejes para reflotar el Plan Nuclear

La posibilidad de reflotar y proyectar la producción de energía atómica está planteada en base a cuatro apartados. La prolongación de la vida útil de Atucha I, mayor capacidad para enriquecer uranio, nuevas centrales y terminar el proyecto de un reactor modular. Tales son el cuarteto de ítems sugeridos en los lineamientos específicos para el sector.
Hace 5 años Economía

#Energía #Inversiones #Prioridades

La agenda de energía atómica cuenta con cuatro apartados, considerados ineludibles por  especialistas en esta materia. El primero de ellos es la extensión de la vida útil para la central Atucha I, ampliar la capacidad de enriquecimiento de uranio, definir alternativas para la construcción de nuevas centrales nucleoeléctricas y concluir el prototipo del reactor modular CAREM.

Así lo señalaron este miércoles las investigadoras Carla Notari y Ana María Lerner, en la edición de www.agendarweb.com.ar , la publicación especializada del sector. Las especialistas del Instituto de Tecnología Nuclear Dan Beninson (CNEA/UNSAM) concluyeron que “la energía nuclear tiene un papel importante a desempeñar” si la recuperación de la economía es instrumentada a partir de “políticas activas de empleo e infraestructura eléctrica de baja huella de carbono”.

Para ello, coincidieron, un punto de partida es extender la “vida de las instalaciones actuales”. Al respecto, las científicas destacaron que esta recomendación ahora es emitida “también [desde] la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo) respecto del resto del mundo”. Y ejemplificaron en base al trabajo aparecido en julio de 2020, titulado  “Sustainable Recovery”, el cual recomienda esta vía para la generación de energía.  

Antes reticente a dar consejos en cuanto a la energía nuclear, el giro obedeció a que en virtud de “los costos humanos, económicos y políticos del recalentamiento del clima planetario, hasta la IEA termina aceptando que, junto con la hidráulica, la nuclear es la forma de generación menos emisora de gases de invernadero”. Por ello, concluyó que sería un contrasentido desinvertir en plantas nucleares.

A la par de las ventajas técnicas como las económicas, Notari y Lerner aseguraron que esto es particularmente aplicable a la Argentina. En particular, para rebobinar en base a “lo que se ha ido perdiendo de desarrollo tecnológico en el área nuclear”. Un rubro en el cual se logró “un nivel de evolución y autonomía inusuales para países con similar y aún superior grado de desarrollo económico”.

Es más, el grado de desarrollo nuclear es el que le posibilitó a nuestro país contar con un sillón en temas específicos en la OCDE, como el lugar que ocupa como miembro pleno en el G20. Las investigadoras contrastaron que resulta evidente que  “la Argentina no figura en este último organismo representante de 20 países ricos y poderosos por su PBI (está en el número 73 en el ránking mundial), o por sus capacidades militares (hoy casi inexistentes), y menos aún por la sofisticación de su canasta de exportaciones (73,2 por ciento primarias)”. “Tampoco se explica su presencia en ese foro por ser uno de los 30 compradores/usuarios de centrales nucleares”, sino que su presencia se debe a que crea y exporta “tecnología nuclear, salida de un programa independiente”.

En este artículo, las expertas hicieron una retrospectiva hasta las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado. Años de inversión contínua que posibilitaron contar con tres centrales nucleares en plena operatividad, la capacidad que permitió exportar reactores para la producción e investigación de radioisótopos, a partir del avance tecnológico del INVAP y de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Si bien esto le dio a la Argentina un lugar de vanguardia a nivel internacional, en la actualidad el país carece de recursos financieros suficientes como para construir una nueva planta de generación. Y en cuanto a la oferta específica hecha por China, analizaron que una opción sería construir dos plantas tipo CANDU (una de uranio natural y otra de uranio enriquecido), o bien una tipo Hualong (uranio enriquecido). 

De cualquier manera, el requerimiento es usar uranio enriquecido, condición que “se mantendrá durante los 60 años que las nuevas plantas proyectan como vida útil, si nos limitamos a la Hualong china y al proyecto argentino CAREM: ambos utilizan uranio enriquecido como combustible”.

Ello, a su vez, exige reflotar iniciativas que con el tiempo se fueron desfinanciando, una de las que posibilitaría “transformar nuestra planta de demostración tecnológica de Pilcaniyeu, Río Negro, en una unidad de capacidad industrial”. Esta debería ser prioridad por la demanda que significará la Hualong. Pero más que esta, por la CAREM, un proyecto que permite una mejor inserción “en la nueva corriente internacional de armonizar la generación nuclear con la renovable intermitente”, al igual que “un respaldo de potencia de base libre de carbono para los parques eólicos o solares”.

En dicho contexto, “el CAREM puede llegar a ser la mayor exportación tecnológica de este país, así como una refundación de su imagen económica externa”, anticiparon Notari y Lerner. Motivo extra para redefinir el Plan Nuclear, en base a la determinación de contar con una Cuarta y una Quinta central nuclear.

Esto, sin descuidar la urgencia planteada por “la prolongación de vida de Atucha I, para lo cual concretar el almacenamiento en seco del combustible gastado es una prioridad absoluta”. Otra, “debe ser reforzar el proyecto de enriquecimiento de uranio por método centrífugo, en sustitución del que tenemos hoy (de difusión gaseosa, energéticamente ineficiente)”, lo que debe hacerse en función de “la histórica posición argentina de usos pacíficos de la energía nuclear y no proliferación”.

Ambas investigadoras resumieron que los apartados ya señalados prefiguran “un programa de mínima, e incluye, como es obvio e imperativo, la terminación del prototipo CAREM”. Este podrá ser mostrado a nivel internacional como “una posible opción comercial y elevará nuestra presencia en el mercado mundial a un plano cualitativamente superior”.

NdR, 11 de noviembre de 2020.