Definición en campo brasileño

La innegable gravitación del balotaje presidencial en Brasil entró en las últimas horas para develar el resultado final. El choque Lula-Bolsonaro Jr y sus implicancias sobre la política sudamericana y global. En un contexto en que el terrorismo estatal suministró dos nuevas arremetidas.
Hace 16 horas ASUNTOS DE FONDO


#ComiciosBrasilRegion

F.P.

Con el envión final de un cierre de campaña levemente inclinado hacia el actual Presidente Lula Da Silva, el balotaje en Brasil empezó a descontar los minutos finales hasta la noche del domingo. Resulta innegable la atención del resto de la política sudamericana hacia esta definición en segunda vuelta, en un contexto regional con innegable intromisión de agentes externos.

Una de las actividades más singulares del último tramo de campaña del PT fue el de los “Tambores de la Democracia”. En respaldo a la centroizquierda, miles de representantes de comunidades afrodescendientes y nativas coparon este jueves Largo de Batata, en San Pablo, en un pronunciamiento a favor de la reelección del actual mandatario.

De todas formas, los sondeos antes del 25 de octubre indican una pequeña diferencia a favor de Da Silva, por encima de Flavio Bolsonaro. En medio de una denuncia desde la centroizquierda a la tecnológica Meta (Facebook, Whatsapp e Instagram) por censura a contenido favorable a Lula y manija al del postulante ultraderechista. Aunque no es la única señal en este contexto.

En la víspera, el ex Presidente de Bolivia Evo Morales, denunció el ilegal allanamiento “al domicilio donde viví hasta hace más de dos años atrás en la ciudad de La Paz, y al domicilio de nuestro compañero Christian Velasco, vocero de nuestro movimiento en la ciudad de La Paz”.

Según lo expuesto por el ex mandatario, “estas acciones absolutamente ilegales buscan criminalizar y judicializar la protesta social”, alertó desde su cuenta en X. ”Para intimidar al pueblo boliviano el gobierno de Rodrigo Paz recurre al terrorismo de Estado, pretendiendo sostener con miedo aquello que no puede mantener desde la legitimidad”.

Por ello, Morales advirtió que “estos allanamientos forman parte de un plan sistemático de persecución política que pretende sembrar pruebas para fabricar procesos penales y perseguir a los movimientos sociales. Sin embargo, tenemos la convicción absoluta que nada de esto logrará frenar lo irreversible: un pueblo que se levanta contra un gobierno ineficiente, corrupto y sumiso al imperio”.

Esta denuncia se sumó a la ola de repudio que generó una acción de terrorismo de Estado similar en Ecuador. Con la detención de la ex candidata presidencial Luisa González, ordenada por el gobierno salpicado por sospechas de vinculación con grupos narco, a cargo de Daniel Noboa.

Estos nexos fueron los que expuso González en la campaña 2025 y pudo haber provisto la motivación del oficialismo para mandar a sacarla de su casa en Canuto (Manabí) en plena madrugada. Detención sin imputación formal de por medio, al igual que en el caso del ex Vicepresidente Jorge Glas, recluido en una cárcel de máxima seguridad desde 2024, tras imputaciones más mediáticas que jurídicas.

En los tres casos -Ecuador, Bolivia y Brasil- el hilo conductor remite a la actividad del espía/asesor Fernando Cerimedo, agente estadounidense detenido en Bolivia por sicariato. A lo que se suman sospechas sobre nexos con dinero del narcotráfico en estas tres versiones de la diestra sudamericana. A escasas 48 de una decisión crucial en suelo carioca.

Superado este hito en el cronograma político, el tramo final del año asoma en medio de vientos de cambio a nivel internacional. No sólo por la ola de revueltas estudiantiles en Serbia, Albania, Portugal, Italia, Francia, España y Grecia, sino por lo del próximo 3 de noviembre. El día D para la administración trumposa, más que probable bisagra con nuevos aires para la geopolítica. 


NdR, 23 de octubre de 2026.

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