
El Clift exacto

#MontyElExtraño
M.R.
El 6.104 del boulevard Hollywood recuerda a Monty Clift, una de sus estrellas más fugaces y figura emblemática de la hoy paralizada industria audiovisual. Con poco más de 30 años de una carrera precoz en la actuación al actor le alcanzó y le sobró como para convertirse en uno de los equivalentes, cada vez que se menciona la edad dorada de la industria cinematográfica. 
Montgomery Clift había nacido un 17 de octubre de 1920, en Omaha (Nebraska), pero lo hizo en medio de una turbia situación parental que lo llevó a un temprano viaje por Europa, lo que impidió a los demás niños llamarlo “compañero”. Este pasado turbulento, tal vez se le quedó grabado y es altamente probable que le haya provisto el perfil de galán melancólico, enternecedor para esas suegras un tanto chúcaras y niñas bien con aires de rebeldía. 
A los 13 años, Monty fue a dar por el ambiente teatral del Brodway neoyorkino. Anduvo por ahí a lo largo de una década, hasta que su determinación lo llevó hasta Hollywood y así en 1948 debutó en “Río rojo”, completando el elenco que encabezaba John Wayne.  
Este paso firme en la capital cinematográfica de la época, sumado a su perfil de tipo fachero y medio  tristón, desataron en su favor una tracalada de ofertas más.  En el mismo año de la peli con Wayne, Montgomery recibió una nominación al Oscar por su desempeño en el film “Los ángeles perdidos”.
Al poco tiempo, fue convocado para “Un lugar en el sol”, junto a Elizabeth Taylor, con quien desarrolló una amistad entrañable, como de hermana mayor y bien compinche. Seguida de su rol en “De aquí a la eternidad”, finalizada en 1953 y a la que le entregó su desenvolvimiento como el soldado de infantería Robert Lee Prewitt, como también la extraordinaria “I confess”, dirigida por Alfred Hitchcock, en la que encarna a un cura bastante peloteado entre deschavar a un malandra y mantener el secreto de la confesión.
A mediados de los años 50, Clift era una de las figuras más requeridas para cuanto proyecto anduviese dando vueltas por Hollywood y demandase actor taquillero y de amplio rango histriónico. Se dice que no cerró protagónícos en “Sunset Boulevard” (1950) y en “East of Eden” (1955).
Por estos años, los diversos estudios articulaban una especie de rivalidad entre Monty y otro joven actor, igualmente nacido en Omaha: Marlon Brando. Les decían “los gemelos de oro”, debido a que portaban cierta presencia física, condiciones artísticas, compromiso profesional y bastante carisma en el público [NdR: las mujeres por la facha y el componente artístico, los hombres como molde a imitar].
Pero hacia 1956 protagonizó un accidente, a la salida de una fiesta en lo de Liz Taylor, en el que con su auto se tragó un poste telefónico y quedó hecho un Cristo. Se dice que su amiga y colega le sacó dos dientes que se habían incrustado en su rostro, antesala de una serie de operaciones de reconstrucción, de las que no se repondría anímicamente.  
“No soy raro, sólo estoy intentando ser un actor no una estrella: un actor” fue una de sus definiciones más conocidas. Las que lo habían llevado a pasar 6 días en un convento en Canadá para la peli “I confess” o varias noches en prisión para delinear el personaje de otro proyecto. En lo personal, no se le conocieron escándalos por noches de juerga con chicas, menos con hombres (pese a que una parte medio troglodita del ambiente le asignaba catadura de gay) con excepción de la envidia que inadvertidamente disparaba en el público masculino.
Clift se fue a los 45 años de edad. Fue el 23 de julio de 1966 en un departamento neoyorkino del Upper East Side, luego de negarse a ver “The Misfits” que pasaban en televisión. Al parecer, había dado por satisfecha su entrega a las artes audiovisuales. Y se fue.
NdR, 17 de octubre de 2023.   
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