La última revolución de febrero

Un 20 de febrero de 1967 nacía el artista que pensó, dibujó, compuso y cantó el último grito revolucionario del rock. Cerca de la capital estadounidense se extendería su mancha antirracista, pro reivindicaciones a la mujer y anti discriminatorio de minorías, hacia el mundo. Un cambio tanto en la forma de tocar como en el contenido.
Hace 5 años PLACERES AUDITIVOS

#Cobain #Seattle #Grunge #GeneraciónX

F.P.

La última revolución musical, estética y cultural que tuvo el rock comenzó un 20 de febrero de 1967. Ese día, en Aberdeen (Washington), nacía Kurt Cobain, en el seno de una familia que en parte respondía a lo que en Estados Unidos se considera como “basura blanca”. Y con él, el más reciente sacudón a la forma de componer, ejecutar e inventar en esta variante musical. Lo mismo que en la cultura del rock.  

De este pueblo y su posterior traslado a Seattle surgiría el último zarandeo en el mundo de la música dura. Con un Cobain que no sólo le puso el cuerpo, sino que también logró incorporar mensajes antirracistas, anti-discriminatorios, anti-gay, feministas y por la equiparación de derechos. En uno de sus discos, de puño y letra advirtió: “si alguno de ustedes odia a los homosexuales, o a la gente de diferente color, o a las mujeres, por favor, hágannos un favor y háganse un favor: Déjennos en paz! No vengan a nuestros conciertos, ni compren nuestros discos” (1).  

Sin embargo, de joven tenía su grado significativo de rebeldía, principalmente hacia su padre quien se había divorciado de su progenitora cuando el chico tenía 9 años. En esta época de familia tipo, que duró hasta 1977, Kurt se había interesado por la música y su hermana –Kimberly- lo recordaría tiempo después entonando y tocando canciones de The Beatles, The Ramones, Arlo Guthrie y The Monkees.

Al mudarse una temporada a la casa de su padre, en Montesano, Cobain sufriría el hostigamiento de sus compañeros de colegio. Ellos le reprochaban su amistad con un chico que era homosexual. De regreso en Aberdeen, en la secundaria desarrollaría su inclinación por la lectura y por las artes plásticas -las tapas de los discos “Incesticide” e “In Utero” son creaciones suyas- (2), mientras ratificaba su afán por la música.

A los 14 años recibiría su primera guitarra, regalo de un tío, y comenzaría a buscar compañeros de banda, a medida que tocaba canciones de AC/DC y Led Zeppelin. Hasta que unos meses después se relacionaría con Krist Novoselic, un gran fanático del punk, quien al principio dudó y hacia el año 1985 aceptó formar una banda con el muchacho rubiecito, más bajó que él, pero que se mostraba entre decidido e insistente.  

Con Novoselic al bajo y Cobain en guitarra y voces, la incógnita era el baterista. De manera tal que muchas veces ensayaban los dos en el segundo piso de “María´s hair” el salón de belleza de la madre de Krist. Así, pasaron por esta primaria formación de Nirvana, los bateros Dale Crover, Aaron Buckhard, y luego lograron sentar tras  los parches a Chad Chaning, quien grabaría el debuto “Bleach” para el sello Sub Pop. Era 1989.

Un consejo de juventud

Los Nirvana ya habían comenzado a brillar en la escena de Seattle, considerada una de las más progresistas del país del norte. Tras una gira europea, junto a bandas como TAD y Mudhoney, habían logrado ventas por 40.000 unidades de su disco debut. Y a instancias de los músicos y amigos de la banda Sonic Youth (a la que llevaron de gira europea por “Nevermind”), el bajista, el guitarrista o ambos, finalmente enviaron un demo a Geffen Records.  

El interés por la mega compañía discográfica, convenció a ambos miembros del grupo a contratar a Dave Grohl como baterista. De manera tal que con esta alineación el trío comenzaría el trabajo compositivo y experimental (Cobain era muy inquieto al respecto, tanto en estudio como en vivo), con el cual Geffen preveía llegar a por lo menos 250.000   copias vendidas. 1990, año en que mandaban Michael Jackson y Guns and Roses en los rankings.  

En agosto de 1990, una situación aleatoria derivaría en inspiración para un gran hit de todos los tiempos. Fue cuando Kurt y Kathleen Hanna, cantante del grupo de rock Bikini Kill, planeaban un mini atentado en un centro para chicas adolescentes que cursaban embarazos, en Olympia (estado de Washington). Ambos militantes feministas y pro aborto suponían que una mejor finalidad para dicho centro comunitario hubiese sido reconvertirlo en una clínica para interrupción voluntaria de embarazos. Sin embargo, a las pibas se las asustaba diciéndoles que si optaban por esta vía terminarían en el infierno.

“Dado que Kurt y yo éramos unos feministas bastante molestos en los 90, decidimos que íbamos a hacer un pequeño servicio público en la noche”, contaría dos décadas después Hanna. “Bebimos nuestro Canadian Club y él veía mientras yo cruzaba la calle y escribía ´Fake abortion clinic everyone´ (una clínica de abortos falsa). Él, un poco pragmático y  más creativo, escribió con letras rojas enormes ´God is King´ (Dios es rey)”, recordó la líder de Bikini Kill en 2010.

Luego de ese sabotaje, por la noche, bastante borrachos, Hanna y Cobain regresaron al motel donde se alojaba Kurt y mientras él estaba durmiendo, Kathleen agarró un marcador y escribió: Kurt smells like Teen Spirit” (Kurt huele a desodorante ´Teen Spirit´) en toda la pared. Era una broma de Hanna, quien intentaba señalar que Cobain se encontraba bajo el embrujo de Tobi Vail –baterista de Bikini Kill-, pareja del guitarrista de Nirvana, quien usaba la mencionada fragancia de Polyana. Es decir, Vail había marcado a Kurt. 

Ni lo pienses

Un año después de esta anécdota, junto a Kathleen, en septiembre de 1991 saldría a la venta “Nevermind”. El segundo disco de Nirvana destronaría a los de Michael Jackson –Dangerous-, Madonna –The Inmaculate collections- y Guns & Roses –Use your illusion I y II- en pocos días. La canción que impulsó semejante topetazo a la industria musical se titulaba “Smells like teen spirit”. Inspirado en aquel graffitti de la noche del sabotaje.

En noviembre de 1991, cuando el grupo emprendió una gira por Europa lo hizo con “Nevermind” en el puesto 35 del ranking estadounidense. “No hicimos nada fue uno de esos discos en plan 'fuera de aquí y al agua', simplemente”, le contaría el ejecutivo de Geffen Reccords, Ed Rosenblatt, al New York Times. Era después que el trabajo del grupo de rock alternativo sustituyera a “Dangerous”, de Michael Jackson, el 11 de enero de 1992, en el puesto 1°.

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Periodista: En muchas partes les atribuyen ser gays.

Cobain: Y..,es cierto. Pero sólo en un 80 %.  

Periodista: ¿Debo creerme eso?

Cobain: Por supuesto que no, pero podes publicarlo.

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Poco menos de un año después, Gilly Ann Hanner  -cantante de Calamity Jane- recordaba a Cobain que “de alguna forma él sabía el lugar que ocupaba en la escena y nunca dejó de intentar hacerle espacio a bandas menos conocidas, en particular si eran bandas de chicas”. Elegidas por el propio cantante como número de apertura para el show que darían el 30 de octubre en Vélez Sarsfield, la vocalista le detalló el año pasado al diario La Nación algunos entretelones.

“Nosotras veníamos de girar en una camioneta y dormir en el suelo, y Kurt programó todo para que nos dieran un full rockstar treatment: aviones, hotel y un show pago frente a miles de personas. Era todo lo que habíamos soñado alguna vez”, señaló Hanner.

En aquel tiempo, los Nirvana se habían decidido por vestimenta de mujer para el cuarto  videoclip del tema “In Bloom”. Incluso, Cobain daría varias entrevistas con indumentaria femenina. “Poniéndome un vestido demuestro que puedo ser tan femenino como yo quiera”, explicaría en medio de risotadas, luego de la insistencia de algunos periodistas. Con lo cual reforzaba el mensaje de choque a la estética machista y a las actitudes misóginas que enarbolaban la mayoría de los grupos rockeros que eran publicitados por las gigantes discográficas.

Tras el descomunal éxito de “Nevermind”, los rankings mundiales se poblarían con nombres de grupos que, hasta ahí, eran totalmente desconocidos. Entre ellos, Soundgarden, Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Hole (banda de Courtney Love), The Breeders, Mudhoney, TAD, Urge Overkill, TV Personalities, The Jesus Lizard, Dinosaur Jr, y toda la movida de Seattle.  

Un par de entrevistas en las que Cobain mencionara su inclinación por el malogrado cantante Daniel Johnston era suficiente para convertirlo en artista de culto. O bien salir al escenario con remeras con inscripciones de bandas como Flipper, Scratch Acid o Sebadoh, las que de ser desconocidas consiguieron reclutar un importante grupo de seguidores. O producir al grupo The Melvins. O invitar a la actuación en el Unplugged a los alternativos Meat Puppets. O bien, la incorporación de Pat Smear como segundo guitarra de Nirvana, luego de ser un artista poco reconocido, pese a haber sido pieza fundamental en la banda punk The Germs.

Seattle, la ciudad en la que siempre llueve, hoy recuerda a su hijo más revoltoso. Con canciones entonadas en los lugares designados y señalizados en honor a Kurt y a la música, en general. Cabe recordar que este lugar también tuvo a Jimmy Hendrix como otro de sus héroes. Otro músico que cantó y tocó su guitarra como quiso. Otro con una zurda inigualable.

1)  Incesticide, 1992. 

2)  In Utero, 1993. 


NdR, 20 de febrero de 2021. 


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